viernes, 4 de octubre de 2013

El lunes, sus amigos ya la esperaban ansiosos a la puerta de la facultad -¿Qué? ¿Cómo te fue?- le preguntaron los tres al tiempo así llegó junto de ellos -No me fue de ninguna forma… estuvo fuera de la ciudad todo el fin de semana- les contestó Emma tranquila, ellos la miraron desconsolados -Bueno… ¡Pero puedes ir hoy!- repuso emocionado Charlie, Emma lo miró con una media sonrisa en su rostro -No, no lo voy a buscar más Charlie- declaró rotunda -¡Ya te rindes!- exclamó Mark entre sorprendido y enojado -No, no me rindo Mark… Pero no voy a buscarlo, ni a rogarle, ni a esperarlo… no pienso ir tras él… vendrá él a mí lo quiera o no- repuso decidida, ellos la miraron confundidos- ¿No lo comprendéis? Él se conforma con verme de lejos y a escondidas como hasta ahora, pero yo no; yo quiero más ¡Yo lo quiero todo o nada! Y se lo estaba poniendo tan fácil… Así que se acabó ponerme a tiro para que él esté conforme; no podrá verme, se desesperará y comprenderá por fin que esto no es una tontería, que es verdadero y vendrá a buscarme- aseguró rotunda -Si tú lo dices…- musitó incrédulo Mark -¿Sabes lo que haces cielito?- preguntó intranquila Luisa -No Luí… - respondió temerosa pero de inmediato volvió a sonreír decidida- pero que sea lo que Dios quiera- entró en la clase con paso decidido y seguro. -Doctor, me acaban de decir en la central que el sábado han llamado preguntando por usted, que era urgente- le expuso amable Sonia entregándole los informes, él la miró sorprendido- ¿No se han comunicado con usted? -No; nadie me llamó- respondió despreocupado- y todos mis pacientes más delicados tienen mi número de móvil para las emergencias, no llamarían a la central… ¿No dejaron los datos? - comentó resuelto -No, cuando Berta le preguntó la muchacha colgó… no debía ser tan urgente como decían entonces- resolvió animosa y ambos se sonrieron amistosos. -¿La… muchacha?- recalcó curioso, en su mente le asaltó la idea de que fuera Emma -Sí, así dijo Berta: “la muchacha colgó sin dar los datos” ¿por qué?- curioseó Sonia. Sonó su móvil sobre su mesa -Por nada; gracias Sonia, puedes irte- la despidió cordial antes de responder -¡Hola tío Miki!- oyó de inmediato una voz cantarina y alegre, una sonrisa se dibujó en los labios de Miguel; hablar con su sobrina siempre lo ponía feliz. -Hola preciosa, ¿cómo estás? -Bien, todos por aquí echándote de menos, ¿Cuándo vas a venir a visitarnos? -Cualquier día de estos, preciosa mía ¿a qué debo esta sorpresa? -A qué tengo que bajar a la ciudad a arreglar unos papeles y avisarte de que me instalaré por un par de días en tu casa- explicó resuelta -Sabes que no necesitas avisarme ni pedir permiso; tú siempre eres bien recibida preciosa mía -Ya lo sé, pero creí bien decírtelo “por si hay algún plan por ahí”- remarcó maliciosa y ambos rieron amenos- lo que pasa es que no sé cuándo será fijo… Así que apareceré de sorpresa -Está bien, no te preocupes… “no hay ningún plan por aquí”; lo que sí es que si es fin de semana a lo mejor no me pillas porque me estoy yendo con unos amigos por ahí; pero sabes dónde está la llave y el frigorífico siempre está lleno… -¿De helado de vainilla y chocolate?- musitó maliciosa -De helado de vainilla y chocolate- remarcó cariñoso y ambos se rieron alegres- cielo, antes de colgar ¿tú no llamarías el sábado al hospital preguntando por mí, verdad?- ya sabía la respuesta antes de escucharla pero… -No ¿para qué? Si tengo tú móvil y el de casa…- respondió desenvuelta y él sonrió complacido- Chao tío, nos vemos -Chao preciosa, cuídate -Y tú, mi tío favorito. Era jueves ya y Miguel estaba desesperado, no la había visto por el parque ningún día de aquellos; ni a ella ni a sus amigos y empezaba a preocuparse. Emma había cambiado de estrategia, intentaría no encontrarse con él en una larga temporada. Si él quería, sabía dónde encontrarla. Ahora esperaban el tren de Luisa y Mark en la cafetería de la estación. Aquel jueves, el tren se retrasó, así que llegó a casa un poco tarde. Su corazón empezó a latir frenético cuando vio la moto de Miguel en la puerta de casa y sonrió dichosa -Bien poco aguantaste- murmuró divertida e ilusionada. Cogió su teléfono del bolsillo de su chaquetón y envió un mensaje a Lui: “¡¡Está en mi casa!!” Sin esperar respuesta, entró en casa decidida a mostrarse tranquila; aunque su corazón hacia lo contrario latiéndole rabioso. -¡Ya estoy en casa!- canturreó como todos los días desde la entrada mientras colgaba su chaquetón en el perchero -¡Hola cielo!- le contestó como siempre su padre desde la sala. Respiró hondo y entró en la sala, se hizo la sorprendida al ver a Miguel y le sonrió tranquila intentando no dar muestras emotivas aunque se moría por correr a él y besarlo. Estaba más guapo que nunca. -¡Vaya sorpresa tío Miguel! ¿Cómo tú aquí y en día de semana?- le dijo serenamente; él la miró confundido al oírla hablarle tan parsimoniosa cuando él estaba ansioso de volver a verla; pero, aunque parecía muy serena, sus ojos chispeaban de emoción y eso le entusiasmó -¡Sí, ¿verdad?!- decía su madre encantada de tenerlo allí de nuevo. -Hola, pequeña; tenía algo de tiempo y me paré a saludar- repuso él sonriéndole cariñoso esperando ansioso su beso aunque fuera en la mejilla, pero ella ni se acercó. Se quedó apoyada en el respaldo del sofá de su padre, frente a él; indiferente. Eso aún confundió más a Miguel que se movió nervioso en su butaca- Siento mucho no haber estado en casa el fin de semana- le dijo conmovido -¡Ah, tranquilo!- le contestó templada- Por cierto, muchas gracias por prestárnoslo, nos valió para una buena nota. -Me alegro- le sonrió con aquella sonrisa que la volvía loca pero se contuvo y solo le regaló una breve sonrisa. A Miguel le dolía tanta frialdad por parte de ella, ¿qué le ocurría? Pensaba desesperado; de estarlo buscando ansiosa con la mirada por el parque; de pronto había desaparecido y ahora estaba fría y distante a pesar de sus ojillos ilusionados; parecía… que ya se olvidara de todo. Aquella idea le removió incómodo las tripas. Quería huir de aquella mirada fría e insensible que le dedicaba. Algo vibró en alguna parte y Emma sacó de su bolsillo un teléfono viejo y destartalado que examinó con ojillos animados -Ese teléfono necesita que lo jubilen, chiquita- bromeó chistoso pero lo que más le interesaba saber era por qué andaba con aquello y no con el que él le regalara -Mientras funcione…- respondió jocosa y todos rieron amenos- ¡Tengo que contestar!- añadió ilusionada alejándose un poco de ellos para mandar la respuesta. Miguel estaba anhelante de saber a quién le escribía tan animada y sonriente… -Ni tendrá otro hasta que ella se lo compre y sepa lo que valen, desconsiderada y malagradecida- expresó tajante e irritada Cecilia, Miguel la miró sorprendido por sus palabras- No me mires así Miguel, que sé lo que digo… -¡Aghhh, no empieces mamá!- protestó fastidiada Emma -Que no empiece dice… ya van tres en menos de dos meses Miguel, y la semana pasada le regalaron uno buenísimo y, así lo recibió, esta cabeza loca lo estampó contra la pared haciéndolo añicos- explicó dolida su madre, Miguel no podía creer lo que oía; miró a Emma fijamente y notó perfectamente las chispas de furia en sus ojos. -A mí no se me compra con regalitos para tener la conciencia tranquila- repuso hiriente Emma notando como Miguel cada vez se enfurecía más y como sus mandíbulas se movían frenéticas conteniendo la rabia. -¡Pues se lo devolvieras hija! ¡No romperlo así caray!- también opinó molesto Alberto -O regalarlo… Mark se muere por uno….- expuso despreocupada mirando burlona a Miguel. Ya no aguantaba más burla ni desprecios. Se puso en pie raudo - Bueno, yo me voy- dijo de pronto iracundo. -¡¿No te quedas a cenar?!- preguntó sorprendida Cecilia -No puedo Cecil, tengo que hacer- seguía enrabietado y Emma dichosa. Se despidió de su madre con dos besos en las mejillas, saludó a su padre y se acercó a ella, él la besó amoroso en la mejilla pero ella no le correspondió. Su perfume estaba enloqueciéndola, sentirlo tan cerca era torturador pero no dio ni un paso atrás, ¿no era lo que él quería? ¿Olvidarlo todo? Pues ahí lo tenía. Miguel se sintió muy dolido por su frialdad. Estaba muy enfadado y, al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas rodearla entre sus brazos y besarla con la pasión que le roía por dentro. -Cuando necesites algo, sabes dónde está mi casa- le dijo intentando parecer tranquilo pero su voz sonó ardiente -Gracias, tío… Lo tendré en cuenta- le dedicó una breve sonrisa, pero ni le miró; sabía que si lo miraba no soportaría tenerlo tan cerca, lo miraría apasionada y deseosa; y eso era lo último que quería que él notara. Se fue acompañado de Alberto hasta la puerta. -¿Te dejaras caer el sábado?- le preguntó su padre amistoso -Sí, ya quedé en eso con Cecil- contestó Miguel amable, Emma sonrió entusiasmada.

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