lunes, 3 de febrero de 2014

-¡Santo Dios! ¡Qué viejo y cuanto ha adelgazado en este poco tiempo por Dios…!- se conmovió amorosa Miriam, Fran miró a su madrina y le tomó tierna las manos -Mami- musitó tierna pero ella le sonrió tranquilizadora -Tranquila mi niña, estoy bien no te preocupes; pero no puedo evitar apenarme por él cariño mío, fueron muchos años juntos y… yo sí le quise mi niña… compréndeme- expuso cariñosa, Fran la abrazó tiernamente y ambas se sonrieron. Pero el rostro de su madrina se volvió serio al observar a una mujer de sobre cincuenta años, alta, rubia y arrogante que ella no conocía -¿Quién es esa Cristín? No la conozco…- indagó curiosa -Es ella- respondió precisa su madrina pasmándola, observó desconcertada a Cristín que asintió con la cabeza -¿Tú cómo lo sabes mami? ¿Acaso la viste alguna vez?- preguntó asombrada mirándola curiosa -No mi niña pero lo sé- aseveró categórica; aquella mujer clavó sus ojos azules fríos y calculadores en ellas provocando en Fran un extraño escalofrío; tenía una mirada perversa y vengativa. Fran agradeció que los metieran pronto en la sala sacándolos de su visión. -¿Por qué está también imputada?- indagó mirando curiosa a García -Ella era la encargada de las reparticiones de dinero, además era “la tesorera” por así decirlo del dinero de Alexander; tenía cuentas ocultas en paraísos fiscales a nombre de ambos… una buena pieza- le explicó desdeñoso; ella asintió con la cabeza. También vieron llegar al gran y poderoso Antonelli, el por todos sabido mafioso que estaba confabulado con Alexander, pero él venía procedente de la calle muy elegantemente vestido con un traje oscuro a medida, altanero y orgulloso acompañado de tres abogados -¿Por qué él no viene con el resto de detenidos?- le preguntó extrañada a Archie -Porque pagó su fianza chiquita: cuatro millones, billete por billete- le contestó fastidiado mirándolo con desdén- Pero no se va a ir de rositas, Alexander no es tonto y tenía muchas pruebas escondidas; si él se despeñaba… arrastraba a todos en su caída, no tienen escapatoria: ninguno- aclaró resuelto y ambos se sonrieron satisfechos El juicio comenzó. Fran se mantenía lo más fuerte que podía demostrar a pesar de que aquel hombre no le quitaba los ojos de encima. Una mirada llena de pasión que a ella le parecía tremendamente asquerosa haciéndola sentir ultrajada y sucia, casi violada. Cada vez que sus ojos desquiciados se posaban en su pronunciado vientre, la hacía estremecerse y se lo acariciaba cariñosa en un intento de proteger a su bebé de aquellas miradas insidiosas. El primer día ya fue duro e intenso para Fran, escuchar las acusaciones sobre Alex que el fiscal enunciaba al jurado la dejaban atónita: extorsión a altos cargos de la ciudad, chantajes, malversación de fondos, planificación y realización de asesinatos a sangre fría… Escuchar con todo detalle, una a una, todas aquellas barbaridades que su padrino había efectuado o mandado realizar sin escrúpulos de ningún tipo, era algo imposible de soportar. Pero los días posteriores fueron a peor cada vez más. Sobre todo, los detalles y los motivos por los que aquel desalmado hombre asesinara a su padre, su gran amigo, aquel que él llamaba “hermano”, le hicieron revivir cada detalle de aquel horrible día y fue tortuoso para ella. Y lo peor de sobrellevar y le producía unas intensas nauseas de horror y asco, fue cuando llegó el momento que el fiscal relató más de aquellas atrocidades que había hecho por cuenta propia y solo por su obsesión enfermiza hacia ella; aquel hombre estaba completamente fuera de sí y su mente desquiciada y retorcida lo llevará a límites ya imperdonables… Cuando escuchó declarar a Charlie como su padrino asesinara a sangre fría al pobre de Richard por solo descubrirlo comprando un anillo, el anillo que Fran le había ayudado a elegir para su madre, las lágrimas que intentara contener esos tres días anteriores se le escaparon sin poder remediarlo. Fue duro enterarse que tenía preparada una casa en medio de la montaña dispuesta para llevársela a ella allí… pero lo que acabó con las pocas fuerzas que aún tenía, fue cuando oyó al fiscal explicar la manera como estaba envenenando a su madrina con cianuro mezclado en sus medicinas para quitarla de en medio y tener el camino libre para llevársela a ella… -¡Estás enfermo! ¡¡Estás loco si piensas que yo hubiera permitido algo así!! ¡¡Siempre me diste asco Alexander, asco!! ¡¡Ya desde pequeña!! ¡¡Nunca en la vida soportaría que me tocaran tus asquerosas manos, asesino!! ¡¡Antes me hubiera quitado la vida que permitirlo!!- chilló fuera de sí levantándose de su asiento y sujetándose frenética a la barandilla que tenía delante, sobresaltando a toda la sala que quedó en tétrico silencio mirándola acongojados su dulce cara llena de horror y gran dolor por todo lo que escuchaba del que creía casi un padre. El juez también la miraba conmovido -Por favor señorita compórtese o abandone la sala por favor- le regañó aunque fue muy amable y considerado. Archie y Sandy la rodearon raudos por los hombros y la sacaron de la sala. También Miriam y Sarah los acompañaron -Cálmate cielo, no te hace bien ponerte así- intentaba serenarla Sandy pero ella no podía dejar de llorar desesperada -No puedo Sandy… No puedo soportar más todo esto…- sollozaba sin tregua afligida mientras la miraba a los ojos angustiada- Hecho muchísimo de menos a Diego a mi lado… lo necesito tener aquí Sandy … no puedo aguantar nada más sin Diego a mi lado mami- declaró desesperada conmoviendo a todos y Miriam la tomó entre sus brazos -Tranquila mi bien, pronto vendrá mi ángel, pronto estará contigo y ya nada lo volverá a separar de ti- le murmuraba melosa acunándola tiernamente como cuando de niña se despertaba con aquellas horribles pesadillas recordando lo que había presenciado -No quiero volver ahí mami… No quiero volver a ver a ese hombre en mi vida… no puedo soportar su cara ni su mirada sobre mi hijo- sollozaba aunque ya más calmada acariciando tierna su vientre -Pues no entraremos mi ángel, no volverás a verlo mi niña hermosa; pero cálmate, piensa en Jamie- le expuso amorosa acariciando cariñosa su cabeza y eso pareció sosegarla un poco más. Nunca más volvió a entrar en la sala, aunque tampoco podía dejar de ir; no soportaba escucharlo pero necesitaba saberlo todo, y esperaba calmada en los pasillos junto a Sarah y Miriam mientras Sandy acompañaba a Estela dentro. Era Sarah quien la ponía al día de lo que iba pasando dentro, con un tacto como psiquiatra y una ternura de amiga increíbles haciendo mucho más fácil aquel mal trago Por fin se acabó todo. Aquella mañana se leería la sentencia. Fran se levantó más resuelta que nunca y decidida se preparó a conciencia. Cuando llegó a la sala de los juzgados, ante la mirada asombrada de todos, se dirigió con paso firme a las puertas abiertas -¡¿Vas a entrar mi niña?!- se inquietó su madrina al verla, ella la miró y sonrió decidida -Hoy sí mami, quiero verle a los ojos cuando le estén leyendo su sentencia- declaró orgullosa y entró con decisión. Miles de años en prisión y millones de indemnización a las víctimas se fueron repartiendo entre todos los acusados y dos condenas de pena de muerte con la inyección letal: una para Clarisse y otra para Arthur, por ser las manos ejecutoras de los asesinatos de Ben y otras personas. Al fin le llegó el momento a Alexander, Fran lo miró satisfecha y altiva por primera vez en toda la mañana a la cara mientras él también la miraba fijamente a los ojos… -Y al acusado Alexander Bryan Kent, por los delitos cometidos contra la salud pública; las faltas muy graves contra el cuerpo y el uniforme que representaba; por el asesinato en primer grado del policía James Sullivan; por el asesinato en primer grado del doctor Richard Honester, por preparar y mandar ejecutar la muerte impune del policía Benjamín French, por el secuestro e intento de asesinato del policía Diego Vázquez; por el intento de asesinato por envenenamiento de Miriam Steiner… condeno al imputado… a la pena máxima: pena de muerte- el juez lo miró con desprecio- y queda terminante prohibidas para este acusado las apelaciones y aplazamientos, siendo ejecutada su sentencia en el más breve espacio de tiempo posible- concluyó el juez. Fran cerró los ojos complacida enormemente por la sentencia y sonrió dichosa. Sintió como un gran peso se le quitara de encima, sintió una liberación infinita…- los tres condenados serán traslados de inmediato y esperarán a que se les sea suministrada la inyección letal, a la penitenciaría de…- seguía hablando el juez pero Fran ya no le importaba nada más. Por fin aquel maldito se iría a pudrir al infierno de donde no debió haber salido jamás. -¡Mírame mi niña! ¡Déjame ver tus ojitos por última vez ángel mío! ¡¡Fran!! ¡¡Amor mío, Fran!!- lo oyó gritar angustiado mientras lo sacaban de la sala pero ella no le dio ese placer. Solo sonrió feliz y satisfecha. Un mes después, todo parecía volver a la normalidad al fin. En el trabajo, la pasaron a los teléfonos y al trabajo en tácticas junto a García. Todos se volcaban en mimarla pero era García el que más la consentía y la mimaba como si de una niña se tratara. Le gustaba realmente su nuevo trabajo y estaba dichosa con sus nuevos compañeros. Pero para tristeza de Fran, a Diego lo trasladaron a unas instalaciones en una isla privada propiedad del ejército para las maniobras de asalto y las pruebas de natación y salvamento… si ahora le era complicado llamarla, después le iba a resultar casi imposible. Era septiembre, se iban a cumplir cuatro meses de la marcha de Diego; día 27, el cumpleaños de Andy. Miriam y Fran le habían preparado una fiesta fantástica en casa a la que también acudió Estela con los niños. Llegaron Cristín, Archie, García y Expósito con sus dos pequeños que jugaban y disfrutaban por toda la casa con él, Richi y Willy. Estela se llevó una gran alegría cuando vio llegar a Cris y tres de sus amigos. Fran se preocupara mucho de dar con él y lo invitara con gran cariño sabiendo lo mucho que apreciaban a Estela y ella a ellos. Estaban todos entretenidos cuando a Sandy le sonó el teléfono -¡¡Es Diego!!- anunció entusiasmada, la carita de Fran se iluminó como siempre ocurría -Dime que estás Andy y no de guardia, por favor- dijo esperanzado, se oía entrecortadamente- Me están haciendo un gran favor dejándome llamar para felicitarlo- exclamó inquieto -Sí, estamos todos aquí en casa de Fran; Miriam le preparó una fiesta de cumpleaños… -¡¡Genial, así también podré hablar con mi petit suisse!!- aclamó feliz, Sandy rió divertida -¿Con quién te paso primero? ¡Con Andy o tu petit suisse?- bromeó chistosa y lo oyó reír divertido- ¡Andy, es papi!- el niño entusiasmado corrió al teléfono. Todos callaran observando deleitados al pequeño ilusionado y feliz hablando con el padre -¡¡Papi ¿cuano vienes?!! Hase mucho que no te veo…- le reprochó entristecido, todos sonrieron conmovidos -Pronto mi cielo, pronto; también yo tengo muchas ganas de verte campeón…- expresó emocionado de oírlo hablar ya mucho mejor, se estaba haciendo todo un hombrecito su pequeñín- Pero ¿qué tal lo estás pasando en tu fiesta? -¡¡Mu bien!! Está Willy y Dichi y Loren y Albert… ¡¡Y tamién Cris papi!!- anunció entusiasmado provocando las risas tiernas de todos- Mami Miriam y Fran son güeñas; y ¿sabes papi? Fran y yo judamos al balón en casa aunque diña mami- explicó entre risas satisfechas mirando retador a su madre, Diego rió divertido -Cómo te gusta sacarla de quicio campeón ¿a quién te pareces tú pillastre? -A ti- respondió rotundo y Diego soltó una enorme carcajada -¿Y qué tal en el cole mi ángel? Porque ahora ya eres un niño grande y vas al cole… yo que tenía la ilusión de llevarte ese primer día mi cielo…- expuso melancólico -¡¡Bien papi!! Teno muchos amiguitos y la pofe…- siguió explicando feliz y el resto perdió interés en la conversación del pequeño continuando con su charla animada entre ellos- ¿Sabes papi? Jamie es malo, le da pataras a Fran- exclamó de pronto dejándolos a todos enmudecidos, miraban a Fran inquietos mientras ella observaba aterrada a Andy sin poder respirar -¡¡Qué malo es ese niño mi cielo!! Pero tú no haces esas cosas ¿verdad?- instó cariñoso Diego y el pequeño rió satisfecho .¡¡No papi!! ¡¡Yo soy niño grande y no doy pataras!!- respondió rotundo y orgulloso, Fran volvió a respirar tranquila, no le había entendido- no como él que aún es muy pequeñito y por eso está en la badiga…- A Diego se le cortó la respiración -¡¡Andy!!- lo interrumpió rauda y tajante Sandy acallándolo; Diego frunció el ceño desconcertado -¿En la barriga de quien Andy?- instó al pequeño a hablar pero ya no hubo manera -Anda cielo, despídete ya de papi que ha de querer hablar también con Fran y dijo que tenía poco tiempo- expuso más metódica, el pequeño obedeció y después de despedirse le pasó el teléfono a Fran; pero Diego aún llegó a oír claramente a Sandy- ¡¡A veces cuando quieres qué bien te explicas cabrito!!- la oyó regañarle fastidiada mosqueándolo aún más. Aunque nada dijo ni preguntó y estuvo hablando meloso y tierno con Fran durante un breve espacio de tiempo mientras en su cabeza ponía orden todo lo que había escuchado llegando a una clara y terminante conclusión: Jamie era el diminutivo de James, el padre de Fran; y Fran no era ningún niño del cole, era su petit suisse; Jamie le daba patadas… en la barriga de Fran ¡¡Fran estaba embarazada y no quería decírselo!! ¡¡Y era un niño!! -¿Da su permiso sargento?- expuso educado ante la puerta abierta de la oficina de su superior -Claro Vázquez, adelante ¿ocurre algo?- se interesó amigable -Sí señor, sospecho que algo pasa en mi casa con mi futura esposa y no quieren decírmelo señor… Necesito regresar cuanto antes señor- declaró contundente mirando muy serio y preocupado a su superior; él también lo observó a los ojos detenidamente -Si se va ahora, apenas a dos meses de finalizar, perderá el puesto y el curso Vázquez- le habló muy aclaratorio- y sería una auténtica lástima: es usted unos de los mejores candidatos de esta remesa… -Lo sé señor, pero no puedo seguir aquí sabiendo que algo puede estarle pasando a ella… siempre puedo volver a solicitar el ingreso… -¡¡Hay cientos de solicitudes!! ¿Sabe cuánto tardan en entrar algunos?- indicó socarrón mirándolo amistoso -Sí señor, lo sé muy bien porque a mí tardaron en responderme dos años y cinco meses señor, y eso que soy uno de los mejores cualificados para el puesto- aseguró decidido y el sargento sonrió ameno.

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