lunes, 10 de marzo de 2014

-¡¿Dónde está Diego?!- le increpó enfurecida al llegar al medio del salón, ellas la miraban intrigadas -¡¡No lo sé!!- le gritó enérgico- Y aunque lo supiera no te lo diría- miró a Irene- ¡Esta es como tú! piensa que por echar un polvo de vez en cuando ya tenemos alguna obligación con ella- añadió sarcástico e Irene se sintió ofendida y humillada -¡Rodri, no seas desgraciado!- le increpó enfurecida Carla y él calló -¡¡Tú sabes dónde está!!- seguía gritando la mujer- ¡¡Estuvisteis juntos ahí atrás!! -Sí, comemos juntos a menudo; no es ninguna novedad- le indicó despreciativo- si él quisiera que supieras donde está, te lo diría ¿no crees?- la miró burlón- ¿Y no lo sabes, verdad? ¡No quiere nada contigo, tía! ¡¡Compréndelo ya y lárgate!!- le indicó molesto -Sé que sabes por donde anda- dijo ella llorosa -Claro… siempre sé dónde está mi hermano, no seas estúpida ¡Pero no pienso decírtelo!- ¡Tenía un hermano! Pensó Irene sorprendida pero, claro, ¿qué sabía ella de Rodrigo? ¡¡Nada!! ¡¡No lo conocía de nada!! -¡Tengo que hablar con él!- clamó desesperada y él rió cínicamente a carcajadas -¡¡Tú eres idiota!!- aclamó sarcástico- ¿Te crees que por quedar preñada a posta ya va a caer en tus redes? ¿No te dio el dinero para que te deshicieras del paquetito? ¡¡Pues hazlo y olvídalo de una puta vez!!- le gritó colérico ¿Estaba hablando de lo que ella creía que hablaba? ¡Dios mío! ¿Con qué monstruo se había estado acostado? -¡¡Suficiente!!- gritó encolerizada Irene levantándose y golpeando fuertemente el vaso contra la mesa de cristal, todos la miraron sorprendidos- ¡¡Yo me largo de aquí, esto es demasiado para mí!!- miró a la mujer rubia- ¡¡Y tú eres idiota si sigues rogándole a estos hijos de mala madre!! Piensa bien si quieres traer a este mundo un hijo de estos desalmados- le repuso indignada, la mujer la miró pareciendo reaccionar a sus palabras y la siguió hacia la puerta, ya se iban ante la mirada sorprendida de Rodrigo -¡Esperar, yo también me voy con vosotras!- expuso rápida Carla -¡¡Genial!!- clamó fastidiado levantando los brazos descontento- ¡¡No solo me jodes el polvo sino que te llevas a Carla!!- indicó molesto a Irene- ¿Regresarás? ¿Verdad, Carla?- le preguntó interesado, ella lo miró y movió incompresible la cabeza cerrando la puerta tras ellas. En el ascensor se miraron las unas a las otras confundidas y, de pronto, se echaron a reír divertidas. -¿Y ahora?- preguntó la rubia en el portal -¿Vamos a tomar algo por ahí?- propuso amena Carla -¿Qué os parece mi casa? Estoy sola y podemos hablar tranquilamente- comentó animada Irene y se decidieron por esa propuesta. Entre cervezas, gin tonics de Carla y pizza que pidieron por teléfono, llegaron hasta las dos de la madrugada; hora en que se fue Gabi, la rubia, decidida a abortar antes de que fuera más tarde. -No sé si te habrás dando cuenta de que has ayudado, y mucho, a Rodri y a Diego- expuso animada Carla cuando se quedaron solas; ella le sonrió dichosa -Sí, lo sé; pero esta tía no es de fiar ¡quedarse embarazada a propósito!- rieron divertidas y amistosas -Ya me pareciste muy juiciosa cuando Rodri me habló de ti- expuso Carla animada cruzando sus piernas recostándose en el sofá -¿Cómo puede hablarte de sus “polvos” como él dice?- indagó atónita, ella movió los hombros desolada -No me lo cuenta todo, pero sí contesta sincero cuando le pregunto dónde ha estado cuando tarda en llamarme- explicó desalentada- Irene… no es hombre para ti, cielo- le habló cariñosa -¿Y para ti sí?- preguntó recelosa, ella movió los hombros desinteresada -Estoy acostumbrada a él- comentó dulcemente- al principio cuesta entenderlo pero, después de diez años con él, ya me he acostumbrado a sus rarezas- la miró fijamente, tenía unos ojos preciosos- Además, no es tan fiero el león como intenta pintarlo; se ve que ha sufrido mucho y se hizo una coraza que empiezo a atravesar poco a poco -¡Y tan poco a poco: llevas diez años!- contestó socarrona y se rieron divertidas- ¿Estás enamorada de él, verdad? -No sé… creo que sí ¿Crees que lo soportaría si no estuviera enamorada de él?- le respondió apesadumbrada, Irene sintió lastima por ella y le sonrió entrañable- ¿Y tú? ¿Estás enamorada de él?- le preguntó dulcemente -No- respondió tan rápida y sincera que hasta ella se sorprendió sonriéndose cordiales- Yo amo a mi esposo, lo de él no sé que es realmente- añadió serenamente- solo sé que me arrepiento muchísimo de haber perdido a mi marido y, creo, que no volveré a estar con Rodrigo nunca más después de esta noche… ¡Las cosas que me dijo me dolieron demasiado! -Aún puedes recuperarlo ¿no crees?- la intentó animar -No creo, lo lastimé mucho con esta aventura sin razón- Carla le tomó la mano cariñosa apretándosela suavemente -No se sabe si no lo intentas, haz un poco la lucha- indicó animada e Irene le sonrió cordial; se levantó- me voy ya, es muy tarde- Irene la acompañó a la puerta- Referente a Rodri, no digas nunca: nunca más ¡es muy persuasivo! ¡Te lo digo yo!- se rieron amistosas- Mira, te voy a dar mi teléfono- buscó el móvil en el bolso- ¡Caray, tres llamadas de Rodri! ¡Realmente le has fastidiado, chica!- se rieron divertidas- Me gustaría muchísimo ser tu amiga, tú y yo nos comprendemos y tenemos un callo común- bromeó refiriéndose a Rodrigo- Cuando te vuelvas a encontrar sola puedes llamarme -Pero yo tengo unas tiritas para quitar callos molestos; sino ya lo verás- se volvieron a reír -A mi no me importa, de verdad; pero no sé si tú estarás dispuesta a esto: no somos las únicas en su vida ni nunca lo seremos -¡Te llamaré mucho mejor a ti antes que volver a ir a verlo a él!- rieron explayadas y ella se fue en su coche. Se acostó en el sofá, no quería irse a aquella cama tan grande, fría y vacía. Se cubrió con la manta y pensó en Carla y en Rodrigo: la conversación en la bañera, le contaba sus cosas y estaban juntos desde hacía diez años ¡diez años! y la llamó insistente… ¡Carla era la mujer de la que Rodrigo estaba enamorado! Por eso se sintiera tan mal cuando ella le comentara que se hacía igual de daño aunque no se estuviera casado: ¡él le contaba todas sus aventuras a Carla! Y le doliera saber que la estaba hiriendo… Pero, lo más importante era que parecía que le dolía más una sospecha de que Gonzalo saliera con alguien a una certeza de que Rodrigo estaba con otra… Sonrió satisfecha y se durmió. A la mañana siguiente estaba mucho más animada que la noche anterior, como si el nuevo día trajera nuevas esperanzas. Acercarse a Gonzalo lo tenía difícil… muy difícil. No era hombre de perdonar fácilmente una traición como aquella, era bueno y perdonaba fácilmente pero una traición así era algo que le superaba. Y no podía echar a correr a los brazos de Rodrigo cada vez que se sintiera sola o mal, no era el hombre ideal para buscar apoyo emocional… Tenía que salir adelante sola; no podía dejarse abatir cada vez que fuera a tener un traspié o sentir aquella terrible soledad. Y tenía que hacerse un propósito, buscar una meta… Animada subió al desván y buscó entre los trastos viejos sus antiguos libros de derecho. Encontró cosas viejas que le hicieron recordar tiempos bonitos y entrañables: la ropita de bebé de Pati, sus vestidos premamá, el vestido de boda, recordó lo ilusionados que se fueran a vivir a aquella casa comprada con trabajo y esfuerzo y aún seguían pagando. Las horas hasta la madrugada de Gonzalo trabajando en un nuevo proyecto para cobrar algo más… Por fin encontró lo que buscaba y sonrió feliz: sus libros de derecho, iba a retomar la carrera que abandonara por el embarazo de Pati. Bajaba las escalinatas estrechas del hueco del techo que llevaban al desván cargada con ellos, bajaba de espaldas despacio pues tenía poca visibilidad. -¡¿Qué haces ahí arriba sola?!- le increpó de pronto la voz de Gonzalo, se asustó, soltó un gritó y tropezó tirando los libros para agarrarse pero no llegó a tiempo y se desmoronaba desde lo alto. Rápido, él la recogió en brazos, se miraron muy asustados y se rieron divertidos mirándose las caras de terror que habían puesto- ¡Estás loca! ¿Y si llegas a estar sola?- le increpó preocupado -Si tú no me hubieras asustado no me hubiera caído- expuso ella dulcemente -Perdona, pero estoy llamando hace rato y no me abrías… me preocupé y entré sin esperar más- repuso impaciente sin bajarla de sus brazos -Estaba buscando los libros de derecho y me entretuve viendo…- lo miró cariñosa a los ojos- ¡¿Sabes la de basura que hay ahí arriba?!- expuso asombrada y él rió divertido, tenía una risa preciosa y estaba tan próximo a ella… se mordió el labio deseosa por besarlo -¡¿Sabes cuántas veces hemos intentado limpiar y vuelves a guardarlo todo de nuevo, amor?!- replicó alegre, al oírle llamarla “amor” tan desenvuelto, se miraron a los ojos y él la dejó rápidamente en el suelo alejándose dejándola aturdida y apesadumbrada mientras él recogía los libros del suelo- No debes subir cuando estás sola, Irene- la reprendió amable -¿Y qué hago? ¿Te llamo a ti cada vez que necesite algo?- contestó irritada más por su manera tan precipitada de soltarla y alejarse que por su regañina, él la miró desconcertado pero no repuso nada e Irene le dio la espalda abochornada por su comportamiento infantil e intentó cerrar la portezuela del techo pero la maldita puerta no se cerraba -Trae, te expliqué ciento de veces que tiene truco- expuso él entrañable sujetando el gancho a la vez que ella colocándose detrás suyo, estaba pegado a su espalda y se sintió muy bien; deseaba que la sujetara por la cintura y la besara en el cuello tiernamente como hacía siempre- Debes empujar suavemente y girar levemente- le hablaba tan próximo, casi encima de su pelo, su piel se erizó de deseo y un escalofrío le recorrió el cuerpo. También él se sentía deseoso de abrazarla y besarla, inspiró gustoso sobre su pelo recogiendo su rico olor a manzanas verdes. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no rodearle su cintura con su brazo aprisionándola contra él y besar aquel apetitoso cuello de dulce y suave piel. La puerta se cerró por fin y él huyó de su proximidad o no resistiría más, sentía como las fuerzas le flaqueaban y su boca ardía en deseos de besarla- ¿No me prestabas atención cuándo te lo explicaba?- comentó con voz ronca por el deseo que se acumulara en la garganta produciéndole un nudo, se volvió a agachar a recoger los libros para escapar de sus bellos ojos que lo miraban -¿La verdad? No- respondió candorosa, él la miró sorprendido y ella le sonrió divertida; era preciosa- Nunca pensé que no estarías tú para cerrarla- añadió sencilla y se sonrieron ensombrecidos. -¿Para qué quieres todo esto?- preguntó curioso observando todos los libros que ya le entregaba -Voy a retomar los estudios- expuso entusiasmada y él le sonrió agradado- Ahora Pati ya está crecida y no necesita tanto cuidado -Me parece bien- le contestó satisfecho mientras regresaban a la sala -¡¡Mami!! ¡Has comido pizza y no me has dejado nada!- le reprochó Pati enfurruñada, ella le sonrió cariñosa -Fue ayer con unas amigas cielo- se le acercó y la besó compasiva en las mejillas- pediremos mañana para cenar tú y yo ¿vale?- ella sonrió satisfecha. El comentario de Irene sorprendió a Gonzalo -¿No has salido el sábado luego?- indagó curioso recordando que estuviera delante de su casa -Sí, unos minutos pero regresé con unas amigas y pasamos aquí la noche- explicó amena, se sonrieron cordiales -Me voy, cielo- le dijo a la pequeña besándola en las mejillas- Nos vemos mañana ¿de acuerdo?- se sonrieron cariñosos y él se fue dejando nuevamente el gran vacío en el corazón de Irene. Acostó directamente a su hija en su cama, sabía que no podría dormir sola El lunes entraba en su despacho decidida a hablar con Rodrigo. Se fue directamente a su encuentro, estaba sentado ante su mesa repasando los casos del día -Rodrigo…- empezó a hablar, él seguía ensimismado en los documentos -Dime- le dijo sin mirarla -No voy a volver por tu apartamento- él siguió examinando sus papeles sin mirarla siquiera- se acabó, no pienso volver… -De acuerdo- repuso tranquilamente mirándola mientras le sonreía agradablemente, ella se quedó pasmada ante su serenidad- Como tú decidas, no obligo nunca a nadie a hacer lo que no desee hacer- le habló sosegado mientras le seguía sonriendo cordial- ¿Me tienes preparado el caso Barra? Me quiero ir al juzgado temprano -Sí, ahora te lo traigo- repuso estupefacta por su calma regresando a su mesa, le importaba un bledo que siguieran o rompieran. Realmente había sido solamente una más, un divertimento pasajero… Pero, pensándolo bien ¿no había sido eso también él para ella? ¡¡Qué manera más estúpida de romper un feliz matrimonio!! Estuvo toda la mañana de mal genio consigo misma, por haber sido tan imbécil e inconsciente. La semana pasó sin darse cuenta, estaba ilusionada con la resolución de volver a los estudios. Se apuntara en la facultad y estudiaría por libre al principio pues el primer curso lo tenía más o menos controlado y era fácil. Aprovechaba su hora de comer para recoger apuntes y consultar dudas con el tutor, el profesor Expósito, un hombre amable y bonachón que se sintió sumamente encantado de ayudarla a retomar su carrera. Se sentía llena de ilusión y estaba nuevamente ilusionada por algo. Su relación con Rodrigo era amistosa y amena, como si no hubiera pasado nada entre ellos; aunque había algo más de complicidad y quedara una asombrosa agradable amistad.

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