sábado, 8 de marzo de 2014


El informe estaba allí encima, lo recogió y, al volverse, se asustó de sobremanera al encontrarse a Rodrigo sentado en uno de los sofás mirándola fijamente
 -¡¡Me has asustado!! ¿Qué haces ahí?- increpó sobresaltada, él le dio una calada al cigarrillo
 -Estoy en mi despacho… ¡creo!- respondió sarcástico bebiendo un sorbo del vaso de whisky que sostenía en su mano -Sí, pero no te suponía aquí aún- expuso calmadamente -¿Y tengo culpa de lo tú supongas?- repuso retórico apagando enérgico el cigarrillo en el cenicero de la mesita junto a él -¿Se puede saber qué te pasa?- le preguntó irritada por sus respuestas mordaces, él se levantó y se acercó a ella, la miraba fijamente, clavándole aquellos profundos ojos negros que tanto la inquietaban y la desposeían. La sujetó rápido por la cintura y la apretó contra él Era brusco y tomaba lo que quería cuando le daba la gana: pero a ella eso la excitaba de manera increíble -Que sí me importó que no fueras a mi piso, que me había hecho la idea de tenerte y estoy fastidiado de no haberlo podido hacer- expuso besándola en el cuello ardoroso, ella ya respiraba apuradamente sintiendo sus labios en su piel- ¿Y tú? ¿Me echaste de menos?- le susurró mientras seguía besándola en el cuello y le levantaba la falda acariciando sus muslos por detrás, llegó a los glúteos y la oprimió contra él frotándola contra su entrepierna; ella respiraba ansiosa mientras él sonreía, su mano buscó su sexo y lo acarició hábilmente, ella gimió y sonrió dichoso- sí, parece que sí me echaste de menos- la besó en el cuello de nuevo, bajó por el escote mientras seguía con aquella caricia en su sexo. Irene se movía contra su mano buscando el placer que le ofrecía. La guió hasta detrás del escritorio y la sentó sobre la mesa -¿Qué vas a hacer?- preguntó inquieta pero su mirada cargada de deseo ya le respondió- ¡Aquí no Rodrigo! -Aquí sí- repuso tajante arrancándole las finas braguitas de un fuerte tirón. La atrajo por las caderas acercándola al borde de la mesa al tiempo que él se sentaba en su sillón y hundió su boca en su sexo, ella gimió placentera; la llevó hasta un orgasmo vigoroso que la agitó tremendamente mientras gemía deleitada. El la miró complacido, ella jadeaba sofocada y se sonrieron satisfechos. Irene se bajó de la mesa quedando de pie entre sus piernas abiertas y lo miró revoltosa -¿Con qué aquí sí, no?- dijo desafiante, se agachó y le quitó el cinturón desabrochándole los pantalones. Agarró su miembro y se lo metió en la boca, él gimió complacido. Ella lo acariciaba juguetona mientras lo trabajaba hábil con su boca, Rodrigo comenzó a moverse raudo, ella llevaba el compás virtuosa -Para, gatita… para- le sujetó la cabeza pero no se detuvo, apuró sus manos y su lengua trabajó rauda mientras lo embutía hasta el fondo de su boca extrayéndolo de nuevo en movimientos rápidos y fulminantes- ¡¡No!!- gritó intensamente mientras se sacudía con su poderoso final y se aferraba al cabello de Irene con fuerza. Se miraron radiantes, estaban satisfechos y se sonrieron dichosos- ¿Y ahora qué?- le preguntó socarrón mirándola burlón -¿Y ahora qué de qué?- repuso ella retozona levantándose, se remangó la falda de nuevo -¿Qué vas a hacer? No busques lo que no hay- comentó burlón mirándola sentarse sobre él. Se restregaba contra su miembro inerte mientras lo besaba ardorosa en los labios, las mejillas, pasó al lóbulo con el jugueteó un rato -¿Cuánto me apuestas a qué sí hay?- le murmuró mimosa al oído, él ya sentía como se volvía a recuperar con sus movimientos provocativos sobre él y su boca en su cuello, en su pecho jugando con sus pezones pero lo más impresionante eran sus roces rítmicos y seductores sobre su miembro. Pronto estaba vigoroso y poderoso nuevamente. Ella se enfundó en él rauda y se rieron explayados comenzando a moverse intensamente, él le desabrochó la camisa de encaje descubriendo que no tenía sujetador, apresó aquellos pechos y los devoró ansioso, ella jadeaba mientras sus caderas se movían ejemplarmente. Más rápidas, enérgicas, estaba llegando a un orgasmo y la sintió agitarse entre sus brazos mientras clamaba gustosa. La llevo sobre la mesa acostándola sobre ella, le sujetó las caderas y la embistió una y otra vez, poderoso y hondamente, ella se arqueaba mientras gemía impetuosa. El fin sobrevenía, apuró las acometidas haciéndolas más briosas e intensas. Gemían poderosamente al tiempo que unas descargas potentes y tenaces los sacudió al unísono haciéndolos vibrar del intenso placer. El se retiró y se sentó en su sillón exhausto mientras ella seguía sobre la mesa, respirando jadeante intentado recobrarse y él la contemplaba conforme, recomponiéndose la ropa pues Irene le había quitado la corbata y desabrochado la camisa. Se apoyó en sus codos para verlo, sonreía complacida y sus ojos brillaban gozosos -Aún tiene más morbo aquí que en tu casa- expuso deleitada, él rió divertido -Y si esperas un poco, aún más; con el cliente ahí fuera esperando- añadió socarrón, ella se levantó y se recompuso también la ropa, buscaba la braga pero él las vio primero en el suelo y las recogió rápido- No te las pongas- le propuso recreado, ella lo miró intrigada- Así sabré que estás sin ellas y me pondrás a cien… sabré que, si hago esto…- le metió la mano bajo la falda acariciándole el vello púbico- no encontraré ningún obstáculo- ella sonrió divertida -Estás loco ¿lo sabías?- intentó quitárselas pero él se las apartó vertiginoso -¿Y tú acaso no?- indicó guasón, ella lo miró fijamente y él movió las cejas desafiante; se sonrieron divertidos y ella salió del despacho sin ellas. Lo oyó reírse satisfecho y ella sonrió alegre. De vuelta en casa volvieron las dudas y el mal estar. Quería a Gonzalo pero estaba segura que no podría seguir sin estar con Rodrigo; sin poder volver a sentir todo lo que él la hacía gozar. Sí, era brusco y nada cariñoso, pero un amante maravilloso que sabía cómo hacerla palpitar como nunca nadie lo había hecho. Estaba sentada sobre la cama intentando encontrar alguna solución y llorando sin encontrar una viable sin que alguien perdiera, cuando los oyó llegar. -¡¡Mami!!- la llamaba alegremente Pati como todas las noches, se secó las lágrimas -¡Estoy arriba cielo!- le respondió a la pequeña, los oyó subir -¡Mami!- repuso satisfecha abrazándola y besándola en las mejillas; Gonzalo las observaba desde la puerta -Hola corazón- le contestó abrazándola también, la niña la miró intrigada -¿Has estado llorando mami?- ella y su esposo se miraron a los ojos, se sintió abatida al verle el rostro apesadumbrado -No cielo, es catarro- le mintió a la pequeña acariciándole la mejilla -Ve abajo, Pati; mira un poco la tele que hoy cenaremos pizza- comentó Gonzalo sereno intentando sacar a la niña del cuarto. Solo con observar a Irene sabía que aquello había llegado a un punto sin retorno, el corazón se le oprimió dolorosamente: él perdiera. -¡¡Pizza!!- gritó entusiasmada la pequeña yéndose del cuarto. Él se acercó a ella pero no la tocó -¿Qué ocurre Irene?- indagó inquieto aunque ya sabía lo que sucedía, ella intentaba disimular pero él lo sabía -Nada- contestó esquiva intentando evitar lo inevitable -Llevas más de dos meses sin tener nada y es hora de hablarlo… ¡ya!- aclaró decidido y rotundo, Irene lo miró a los ojos; él estaba de pie, muy erguido y serio, esperando la estocada final con valentía y coraje. Ella se sitió derrotada -Ya lo sabes de sobra- expuso abochornada con voz trémula, las lágrimas corrían nuevamente por sus mejillas. Sintió unas ganas terribles de consolarla pero no era el momento, lo rechazaría y le dolería aún más. -Quiero oírtelo decir a ti, Irene- expuso calmadamente, ella lo miró de nuevo a los ojos pero no dijo nada- ¡Dilo Irene! ¡Ten la decencia, por lo menos, de decírmelo a la cara!- le reclamó angustiado -¡¡Hay otro hombre ¿contento?!!- le increpó furiosa levantándose de repente enfrentándolo mientras seguía llorando desconsolada- ¡¿Y ahora qué?! ¡¿Quieres que me vaya?!- él la miraba desolado, estaba hundido, destrozado, y ella se sintió una porquería, una auténtica basura. Aquel hombre no se merecía aquel pago después de haberle entregado tanto como lo había hecho- Me voy si quieres, no te preocupes, no me volverás a ver… ¡Pero no me quites a Pati!- él la miraba sin decir nada, observó como su nuez se movía tragando saliva repetidamente para serenarse -Nunca haría tal cosa, Irene- expuso afligido- Y no te preocupes, me iré yo- añadió sereno recogiendo su bolsa de viaje del altillo del armario y comenzando a recoger alguna de su ropa; ella lo miraba desconcertada- Pati no tiene culpa y no deben cambiar sus hábitos, no debe cambiarle su vida por lo que nosotros hagamos… Quédate tú en casa con ella, a mi me echará menos en falta- seguía recogiendo sus cosas mientras ella se enfurecía cada vez más por su indiferencia -¡¡Para por favor!!- le gritó arrebatándole furiosamente de las manos la camisa que metía en la bolsa, él la miró sorprendido- ¡¡Dime algo, Gonzalo!! ¡Grítame, insúltame! ¡¡Pero no te comportes así, Gonzalo!! ¡¡No seas tan comedido y correcto!!- le gritó desesperada mientras él seguía mirándola afligido -¿Eso arreglaría algo? ¿Borraría a ese otro hombre de nuestras vidas?- repuso calmadamente desconcertándola más aún mientras sus ojos la miraban llenos de pesar y tristeza- ¿No verdad? Entonces ¿de qué serviría? -¡¡Me sentiría mejor yo Gonzalo!!- repuso desconsolada, él sonrió levemente -Pero yo no quiero que te sientas tú mejor, Irene; solo pienso en mi hija que es lo más importante en estos momentos- le quitó la camisa y cerró la bolsa- Por eso te pido solo dos cosas…- ella lo miró inquieta y alertada- que me dejes quedarme hasta que se duerma, le será más fácil si no me ve irme, y que no seas tú la que me la quites a mí- sus ojos se llenaron de lágrimas conmoviendo a Irene profundamente- ¡Es lo único importante que me queda en mi vida a partir de ahora! -Nunca jamás haría eso- expuso sobrecogida, él solo asintió con la cabeza, dejó la bolsa tras la puerta y bajó a cenar con la pequeña. Irene lloró amargamente tirada sobre la cama hundiendo la cabeza sobre la colcha para que no la oyeran. Oyó llamar al timbre, la pizza llegara y los gritos ilusionados de la pequeña llamándola, así se lo hicieron saber. Se secó las lágrimas y comenzó a bajar las escaleras pero se detuvo de pronto -¿No esperamos por mami, papi?- preguntaba la niña feliz -No… tiene dolor de cabeza otra vez, amor- expuso categórico- Cenaremos nosotros solitos ¿vale?- esas palabras se clavaron en el corazón de Irene como espinas produciéndole un terrible dolor; no quería ni verla delante, rompió a llorar de nuevo regresando a su cuarto. El también se sintió terriblemente mal al decirlas, no quería haber sido tan cínico e hiriente pero había percibido su sombra comenzando a bajar las escaleras y quería hacerle daño… Hacérselo mucho, tanto como ella le había hecho a él. Después de bañarla, la acostara y le leía el cuento amoroso. Irene estaba acostada ya en cama, dándole la espalda a la puerta. Oyéndolos. -Cielo, sabes que papi te quiere mucho ¿verdad?- le decía a la pequeña -Siií ¡y yo a ti, papi!- aclaró alegre -Lo sé mi vida- expuso enternecido- Escúchame mi ángel, mañana no vendré a dormir aquí pero estaremos juntos en casa de los abuelitos hasta que mami te recoja ¿vale? -¡Vale! ¿Pero el sábado sí? -No, el sábado tampoco; ni el domingo… Pero vendré a buscarte y pasaremos el fin de semana juntos- explicó animado -¿No vas a dormir más aquí con nosotras, papi?- preguntó temerosa la pequeña -No por un tiempo, corazón… Pero estaré contigo todos los días en casa de los abuelos e iremos juntos a divertirnos todos los fines de semana ¿vale?- intentaba animarla -¿Es por los dolores de cabeza de mami? ¡Le damos más aspirinas!- expuso concluyente -No se arregla con aspirinas, cielo- Irene lloraba amargamente por hacer sufrir a su hija también- Sé buena, pórtate bien con mami ¿me oyes? Yo siempre estaré contigo mi vida ¿de acuerdo? -¿Y si vienen los truenos, papi?- preguntó aterrada -¡Entonces mami me llamará y vendré corriendo a ahuyentarlos ¿de acuerdo?! -De acuerdo- estaba conforme -Ahora duérmete y sueña con papi, mi amor- al poco tiempo lo oyó acercarse al cuarto pero ella no se movió, recogió su bolsa- No olvides recogerla mañana en casa de mis padres, no me hagas pasar por esto nuevamente; dame tiempo para saber enfrentarlo serenamente- ella no contestó nada- el sábado la vendré a buscar y te la devolveré el domingo- se fue… Se iba… Se marchaba de su vida y sintió que el alma se le rompía en mil pedazos: lo amaba, lo amaba mucho pero ¿cómo entender lo que le sucedía por dentro? Al día siguiente, en la cama de Rodrigo no fue igual; no había sentido tanta pasión pues su cabeza estaba en otra parte y no lograra entregarse enteramente. Él se sentó como siempre al borde la cama, encendiendo dos cigarrillos y ofreciéndole uno que ella recogió recostándose contra el cabezal de la cama -¿Qué te pasa hoy?- le preguntó despreocupado Rodrigo -Gonzalo y yo nos hemos separado- contestó casi en un murmullo, él la miró sorprendido por encima de su hombro -¿Por qué?- indagó asombrado, ella lo miró incrédula -¡Por ti!- increpó indignada por su pregunta, él durante unos segundos la miró fijamente a los ojos; después rió socarrón -¡Ey, yo nunca te pedí nada de eso ni creo haberte dado algún indicio de quererlo!- aclaró sarcástico levantándose y mirándola de frente- ¡No me culpes a mi de que te remuerda tu conciencia! ¡Di mejor que lo has hecho por ti!- expuso cínicamente- Yo estoy muy bien y tranquilo, nunca te dije que quisiera una relación ni nada parecido- ella lo miró dolida y él rió mordaz- No creo en las relaciones largas ni mucho menos en el santo sanctórum del matrimonio… ¡Eso son todo engaños mutuos y cuernos bien llevados!- repuso despreciativamente yéndose del cuarto, ella miraba pasmada la puerta por la que había salido, no podía creer lo que estaba oyendo ¿Había roto su matrimonio por aquello? ¿Por nada? Porque aquello no era nada. Regresó con dos whiskys, ella seguía mirándolo desalentada, rechazó el que le ofrecía y él lo dejó tranquilamente sobre la mesilla- Regresa con él, a lo mejor aún podéis arreglarlo- expuso desinteresadamente -¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!- increpó enfurecida, él volvió a reírse socarrón -¡¿Cínico?! ¡¿Yo?!- se burló guasón- No preciosa, soy realista… tú eres la cínica además de hipócrita, quieres escudarte en otros por lo que haces- le indicó rotundo bebiendo del whisky sentándose en la cama- Conmigo no cuentes para tener un romance idílico y duradero… Nos divertimos juntos y punto… y si quieres dejarlo… ¡cuando quieras!- comentó sosegado encendiendo otro cigarrillo. Irene estaba ofuscada y enfurecida -Esto fue un error- replicó ensombrecida levantándose y dirigiéndose al baño pero se volvió mirándolo intrigada-¿De verdad no crees que dos personas se puedan querer toda una vida? ¿Qué un matrimonio dure años formando una hermosa familia?- indagó curiosa y él soltó una risotada burlona- ¡Pues yo te puedo demostrar que sí!- expuso enojada y él rió aún más fuerte soltando una sonora carcajada -¡¿Tú?!- exclamó burlón soltando otra sonora carcajada- ¡¡Claro mujer, sobre todo tú!! ¡¡Ya veo lo abnegada y honesta que eres en tu matrimonio!!- indicó cínicamente; ella, abochornada y dolida, se metió en el baño para ducharse y huir de su risa cínica que le hacía muchísimo daño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario