sábado, 15 de marzo de 2014

La semana fue pasando y parecía irse calmando; ella debía estar con su familia y olvidar todo lo pasado. No volverían a verse como bien había dicho Rodrigo y se olvidarían el uno del otro, les sería fácil… Pero aunque se lo repetía una y otra vez, no se lo creía ninguna de las veces. Una noche más, Rodrigo estaba aparcado frente a su casa observándola a través de las ventanas como jugaba entretenida con Pati en la sala o simplemente verla pasar de una habitación a otra. Aquel breve instante para él lo significaba todo. Vio abrirse la puerta y como una preciosa Irene más bella que nunca sacaba la basura al contenedor que había ante su verja. Unas ganas irresistibles de hablarle, tomarla entre sus brazos y besarla lo asaltaron. Sin pensarlo ya abría la puerta de su coche cuando apareció la pequeña Pati en el porche -¡Mami, vamos; que ya estoy lista para acostarme!- anunció alegre -¡Voy cielo, ve subiendo que ya voy!- le respondió con inmensa ternura regresando a la casa. Rodrigo cerró de nuevo la puerta de su vehículo dejándola regresar con su familia y no pudo contener las lágrimas cuando la vio cerrar la puerta tras ella. Cogió su móvil y marcó -¡Ey hermanito! ¿Qué pasa colega?- lo saludó animado el interlocutor -No puedo Diego… te juro que lo intento pero no puedo…- sollozó afligido -¡¡Dios Rodri!!- murmuró abatido- ¿Dónde estás hermano? -¿Dónde crees? Ante su casa de nuevo- indicó apesadumbrado -¡Joder hermano! ¡Así solo haces sufrir más tío, ya te lo tengo dicho toda la semana! ¡Lárgate de ahí Rodri y no vuelvas! -No puedo, te juro que lo intento pero necesito verla hermano; aunque sea de lejos, un instante, pero necesito verla- lloró angustiado -Rodri tío, por Dios…- murmuró su hermano abatido- Hazme caso: ¡¡Lárgate y olvídala, hermano!! Aquella noche, Irene se preparó seductoramente con un picardías negro que se comprara en el centro hacía unos días. Entró en el cuarto apoyándose en la puerta cerrada, Gonzalo la miró desde la cama, la inspeccionó de arriba abajo mirándola extasiado -¿Estás preparado?- le preguntó melosa sonriendo dichosa, él también sonrió entusiasta- Llegó el momento, hoy tendrás que poner todo de tu parte, tendrás que esmerarte- comentó traviesa acercándose lentamente a la cama, él reía feliz observándola acercarse y disfrutando de la hermosa y tentadora visión. Hicieron el amor entregado, pasional; fue un acto sereno y profundamente ardiente. El miércoles tenía el examen final, así que la noche del martes después de hacer el amor apasionadamente con Gonzalo, regresó a la sala para seguir estudiando y no molestar a Gonzalo. Estaba concentrada en sus apuntes cuando le llamaron a la puerta insistentemente con los nudillos; abrió sorprendiéndose al encontrarse con una eufórica Carla -¡Tengo que contártelo ya! ¡No puedo esperar a mañana, cielo!- hablaba nerviosa entrando en la casa, estaba entusiasmada; ella la siguió hasta la sala, la miraba intrigada mientras sonreía divertida por tanta euforia. Carla la sujetó por los hombros mirándola fijamente a los ojos- ¡¡Me lleva con él a Nueva York, Irene!!- dijo entusiasmada, ella no entendía nada -¿De qué hablas Carla?- preguntó confundida y descolocada -¡¡Nos vamos a Nueva York!!- repitió ilusionada soltándola y empezando a girar sobre sí misma feliz- ¡¡Nueva York!! -¿Cómo que os vais a Nueva York? ¿Quién y a qué?- indagó curiosa sin poder dejar de sonreír ante tanta locura por su parte -¿No lo sabes?- le preguntó intrigada- ¡¡Claro, tú no lo sabes!!- aclaró entusiasmada- Rodri aceptó un puesto en un bufete de Nueva York, se va a vivir allá…- Irene sintió que el corazón se le detenía de repente ¡Se iba! ¡No volvería a verlo! ¡Ahora sí que era cierto! Su sonrisa se congeló en su rostro mirándola sobrecogida- ¡¡Y me lleva con él!! ¿No es maravilloso, cielo?- la miraba fijamente, estaba tan ilusionada, ella volvió a intentar sonreírle alegre -Sí, es… maravilloso, corazón- logró decir a duras penas, atragantada y ensombrecida, pero Carla estaba tan eufórica que no notó nada. Seguía hablando tan optimista de su viaje que no notaba que Irene estaba enterrada en sus pensamientos, no podía creer que él se fuera… ¡Para siempre! Su corazón le dolía terriblemente, una presión en el pecho no le dejaba respirar, se ahogaba, le faltaba el aire… ¡¡Se iba!! ¡¡No podía irse tan lejos!! ¡¡No, Dios, no lo permitas!! ¿Qué haré yo sabiéndolo tan lejos? No podía soportarlo, no quería creerlo… ¡¡Y Carla seguía con su jolgorio!! ¡¡Era una estúpida!! ¡¡La odiaba con toda su alma!! -¡Las tiendas de la gran manzana! ¡Times Square! ¡¡Nos rodeará el lujo y gente importante!! ¡Nos codearemos con lo mejorcito de Nueva York!- repetía una y otra vez. Irene la miró sorprendida ¿y Rodrigo? ¿Y su amor por él? Solo hablaba de tiendas, lujos y gente importante… ¿Y su compañía? -¿Es lo único que te importa, Carla?- le preguntó de repente asombrada, ella la miró intrigada- Creí que estabas ilusionada porque te llevaba con él… no porque te llevaba a esa ciudad solamente- le increpó estupefacta, ella se sonrojó levemente sintiéndose abochornada -También, mujer… pero eso no es necesario decirlo ¿no?- aclaró rauda, pero sonó tan falsamente que Irene sintió una gran tristeza por él; miró a los ojos de su amiga buscando realmente que le importara algo Rodrigo, Carla se dio cuenta y esquivó rápida su mirada- Veo que estás ocupada, te dejo estudiar- la besó brevemente en la mejilla y se intentó ir -¿Cuándo os iréis?- le preguntó ya en la puerta -Pasado mañana, nos vamos en el vuelo de la una- la miró intrigada- ¿Por qué? -Para despedirte mejor, pero mañana tengo todo el día ocupado- se excusó sonriendo amena, ella le sonrió feliz -Es igual; vendré alguna vez y nos llamaremos; además mañana también estaré muy liada haciendo algunas compras de última hora- la volvió a besar y se fue. Irene se quedó mirando como se alejaba, no podía creerlo: ¡Rodrigo se iba a miles de kilómetros y no volvería a verlo! Sin darse cuenta, lloraba desoladamente y la presión del pecho había vuelto. Todo el día siguiente estuvo despistada y acongojada, lloraba por todo y cualquier cosa la entristecía terriblemente: una noticia del periódico, un anuncio en el televisor, una canción en la radio... Por encima, el examen le saliera penoso. Sin saber cómo había llegado hasta allí, estaba ante la puerta del piso de Rodrigo esperando que le abriera. Como si despertara en aquel justo momento de un profundo sueño ¿qué hacía allí? De pronto, la puerta se abrió y él la miraba sorprendido pero muy ilusionado -¡¿Qué haces aquí, preciosa?!- le preguntó asombrado, ella rompió a llorar desconcertándolo -¡¡No puedes irte así Rodrigo!! ¡¡No puedes irte sin despedirte siquiera!! ¡¡No puedes dejarme así!!- le increpó angustiada sin poder dejar de llorar; él la rodeó con sus brazos abrazándola fuertemente contra su pecho mientras la metía dentro del apartamento y cerraba la puerta- ¡¡No puedes irte tan lejos, Rodrigo!! ¡¡No me dejes así, sin despedirte!!- seguía hablando acongojada y él la besaba amoroso en el pelo, por el rostro, secándole las lágrimas con sus labios -Mi dulce Irene- le decía tierno lleno de pasión -¿Cómo puedes ser capaz de irte sin decirme nada?- se miraron a los ojos y se besaron amorosos, impresionantemente sensitivos, entregando más que su alma en aquel bello beso. -No puedo verte con él, corazón; me muero de angustia cada vez que os veo juntos- le susurró entristecido, se besaron nuevamente más pasionales, más urgentes y deseosos. Ella buscó su cuerpo desnudo, le acarició anhelosa por debajo de su camiseta; él la miró hechizado a los ojos -Una vez más, Rodrigo…- pidió ansiosa mirándolo a la cara- Demuéstrame realmente que me amas… ¡y cuanto me amas!- él la besó intransigente, devorándole la boca ansioso la izó entre sus brazos llevándola a la cama y le hizo el amor de forma sorprendente, prodigiosamente amoroso la hizo vibrar como nunca le habían hecho sentir. Sintió cada beso y caricia en cada rincón de su cuerpo de una forma inexplicable; la rodeó de tanto amor, placer y sensaciones sin límite que la trastornaron de forma prodigiosa. Fue una experiencia portentosa, maravillosa; que se vio sobrepasada cuando, al acabar, la rodeó entre sus brazos y la mimó tiernamente, profundamente entregado a sus caricias, besándola amoroso le entregaba más amor aún- Rodrigo, eres excepcional- le susurró apasionada besándolo ardiente en el pecho -Solo hice lo que me pediste: demostrarte cuanto te amo- la besó tiernamente en los labios- Tampoco tú te has quedado atrás… Que manera de entregarte tan apasionada- se sonrieron amorosos y él la aprisionó fuertemente contra su pecho besándola en el pelo- Me llevo un gran recuerdo de ti amor mío y me voy satisfecho de haber tenido la oportunidad de demostrarte cuanto te amo- ella lo miró a los ojos entristecida -Entonces ¿te vas igual?- inquirió apesadumbrada -Tengo que hacerlo mi amor… Por ti y por mí- volvió a besarla en los labios- Pero sobre todo por Pati: tú debes estar con ella, con tu hija y su padre que te aman profundamente; y yo…- calló brevemente- y yo no soporto saber que estás con él y que no puedo tenerte- se besaron de nuevo, le acarició la mejilla amoroso- Estuve ante tu casa varias veces, observándoos, y no soporto que te toque… menos pensar en lo que estaréis haciendo cuando apagáis todo y os vais a la cama; cualquier día haré una locura que ni tú y yo queremos que haga por la princesita- ella lloraba silenciosamente y él la besó tierno y amoroso en los labios- Ahora vete, mi vida… No miremos más atrás, esto sí es el final… no quiero estropear con mi mal genio esta velada maravillosa- ella obedeció y se vistió. Se besaron apasionados antes de marcharse y se despidieron en la puerta con una amorosa sonrisa, sus miradas eran enternecedoras y tristes. En el ascensor, mientras se iba alejando de él, su piel le ardía más intensamente como si su distanciamiento lo provocara; antes de irse le llamó al telefonillo -Dime corazón- le dijo enternecido a través de él, ella sonrió dulcemente -También yo te amo, Rodrigo- declaró sinceramente apasionada, le mandó un beso por la cámara del telefonillo y se fue a casa. El día siguiente fue tortuoso, miraba al cielo y, cada avión que veía pasar dejando una estela blanquecina, le desgarraba el corazón haciendo que le faltara la respiración que tenía que recuperar con un profundo y angustiado suspiro. Poco a poco las semanas fueron pasando, el dolor se fue aplacando y la sonrisa forzada de su rostro se fue convirtiendo en una sonrisa sincera. Aunque nunca se borraba a Rodrigo de su mente, ni quería que eso pasara jamás. La alegría le llenó el corazón por fin al enterarse de que estaba embarazada, tres semanas después. Gonzalo lo celebró entusiasmado y la felicidad regresó a su hogar poco a poco. Parecía que iban dejando atrás todo lo malo que les sucediera en esos días atrás recuperando sus ilusiones; aunque ella no podía ni quería olvidar a su amado Rodrigo. Los meses pasaban, su bebé crecía bien y Gonzalo se volcaba en detalles y cariños con ellos dos. También Pati estaba ilusionada con su hermanito, no le llegaba el día para acariciar y besar la tripita de su mami. Irene sacara por los pelos el curso, y se centró más en quitar el próximo; sus calificaciones eran extraordinarias ese año. También el profesor Expósito la ayudaba desmedidamente, le había tomado mucho cariño y ella a él. Su formidable inglés la ayudaba muchísimo y ayudaba al viejo maestro también. Los dos últimos meses de embarazo la obligara a quedarse en casa y la visitaba con nuevos apuntes y trabajos que él mismo recopilaba al cabo de unos días para que no perdiera el gran ritmo que llevaba en el curso. No había sabido nada de Rodrigo ni de Carla, y eso que ella había prometido llamarla y visitarla de vez en cuando. Nunca la había llamado y eso, a veces a Irene, la hacía sentir defraudada de ella y, sobre todo, muy entristecida por no saber como le iban las cosas a Rodrigo en su nueva aventura americana. Aunque eso podía querer decir que ellos también habían retomado su relación y la habían dejado a ella en el pasado, pensar eso le dolía muchísimo, por Rodrigo; pero disimulaba su tristeza y regresaba a su mundo con Gonzalo y Pati. Inesperadamente y sin saber muy bien los motivos, murió la madre de Gonzalo. No lo esperaban y el golpe fue muy duro para todos, sobretodo para Gonzalo que estuvo muy deprimido. Irene lo apoyaba en todo como podía y él se lo agradecía enormemente. Dos días después, rompió aguas aquella noche. Se había adelantado el parto más de una semana, el médico les aclaró que el motivo podría haber sido el disgusto y la tensión que había sufrido aquellos días. El parto fue lento, duro pero con un final feliz: un hermoso bebé de casi cuatro kilos descansaba sobre el pecho de su madre. Irene lo observó llena da ilusión y gran amor, era el niño más bonito del mundo pero lo que más destacaba era su gran mata de pelo negro que le llenaba la cabeza. -Cuanto pelo tiene y que negro ¿no?- repuso confuso de repente Gonzalo; Irene, instintivamente, abrazó a su hijo fuertemente contra su pecho mirando a su esposo enojada -¡¿Qué tiene que ver eso, Gonzalo?!- increpó irritada, él la miró sorprendido- ¡¡Mi padre y el tuyo son muy morenos!! -Ya lo sé, cielo; solo era un inocente comentario- repuso calmosamente mientras le sonreía cariñoso -¡Pues no me gustó!- indicó enojada mirándolo furiosa- ¡¡No me gustó para nada!! -Vale, tranquilízate cielo; cálmate, aún estás alterada por el parto mi bien, te prometo que no volveré a hacer ningún comentario así nunca más- le dijo amoroso besándola en la frente -Eso espero- comentó más calmada aunque no aflojó su abrazo a su pequeñín mientras lo besaba amorosa. Sentía que debía protegerlo con toda su alma y así lo intentó hacer hasta que la enfermera se lo quitó para asearlo. Ya más tranquila en la habitación, Irene le daba el pecho amorosamente mientras sonreía dichosa, era el bebé más hermoso del mundo. Pero su corazón latió fuertemente cuando el pequeño abrió los ojos y se los clavó en ella como si ya la estuviera mirando, eran profundamente negros; no se podía distinguir el iris de la niña. Un remolino de sentimientos le abordaron: una gran pasión por el pequeño, una extraordinaria ilusión al desconfiar quien era el padre realmente y un terror angustioso al pensar en Gonzalo ¿qué diría o haría él cuándo lo descubriera? Lo observó angustiada, estaba de espaldas a ella mirando entretenido por la ventana de la habitación. Al volverse para regresar a su lado, el bebé volvió a cerrar sus ojitos. -¿Cómo le llamaremos, amor?- le preguntó Gonzalo ilusionado besándolo tiernamente en us cabecita- ¿Quieres ponerle Héctor como tu padre vida mía?- le propuso entusiasmado, ella acarició amorosa su cabecita mirándolo con pasión -No… me gusta Diego- respondió encandilada y sonrió dichosa: Diego, como el hermano de Rodrigo; así tendría algo de su padre, pensó emocionada- ¿Y a ti?- le preguntó cordial mirándolo esperanzada -Sí me gusta; me gusta mucho - indicó alegre y así le quedó al pequeño: Diego.

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