lunes, 9 de junio de 2014


Marina subió ensimismada en el ascensor acariciándose los labios embargada de ilusión y felicidad, parecía ir en una nube maravillosa rodeada de una bruma encantadora, nunca había sentido nada igual. Entró en el piso y se quedó apoyada en la puerta, seguía embelesada en aquel placer descubierto y ni cuenta se dio que los mellizos, sentados en el sofá, la observaban sorprendidos por aquel semblante radiante que traía. Se miraron el uno al otro extrañados
-¿Qué tal la cita?- curioseó Norma intrigada, Marina salió de su mundo de delicia
-Bien… Fue muy bien- balbuceó entusiasmada y se fue a su cuarto. Los mellizos se volvieron a mirar atónitos y sonrieron divertidos.
Guillermo llegó a casa, entusiasmado y feliz. Silbaba animado una cancioncilla cuando entró en la sala y Beatriz lo observó intrigada sonriendo divertida
-No te esperaba tan temprano- repuso entrañable
-Tengo que entregarla a las diez si quiero seguir viviendo- bromeó animado y se rieron recreados. Se acercó al mueble bar- ¿Quieres un whisky?- le ofreció y ella asintió gustosa; se lo entregó al tiempo que la besaba en la frente y se sentó en el sofá junto a ella que seguía bordando en su bastidor. Lo observó curiosa, estaba ensimismado mirando su copa mientras sonreía dichoso y maravillado
-¿Qué tal lo has pasado?
-Muy bien, realmente es encantadora; habla con tanta dulzura y le pone tanta pasión explicándote las cosas que es tan fácil entenderle… me pasaría horas escuchándola- comentó satisfecho, ella sonrió encandilada- Hermanita, es increíble que en estos tiempos aún haya una mujer de 27 años tan cándida, ingenua y dulce- expuso fascinado quedándose ensimismado mirando su vaso entre sus manos mientras una plácida sonrisa se dibujaba en su rostro recordando aquellos sabrosos y dulces besos en el portal de hacía unos minutos
 -Pareces impresionado por ella- comentó dulcemente volviendo a su bordado
-Es que es tan dulce e inocente Betty… ¿Te puedes creer que nunca la habían besado antes?- repuso maravillado sin salir de su abstracción
-¡¡Santo Dios!!- exclamó atónita sacándolo de sus pensamientos de golpe y la descubrió mirándolo boquiabierta
-¡¿Qué he dicho?!- exclamó sobrecogido mirándola atónito
-No es lo que has dicho, es lo que has hecho: ¡¿Has sido capaz de besarla ya Guille?! ¡¿Tú?! ¡¿El gran fiscal esquivo de cualquier relación que no sea meramente profesional?!- se sorprendió estupefacta; su hermano la miró ofuscado al darse cuenta que había hablado de más y ella sonrió encantada- ¿No me dijiste que solo era “una invitación de gratitud” por haber sido tan amable el domingo? ¿Qué no echara ya a volar esta cabeza de pájaros que entre vosotros “no habría nada”?- reparó guasona mirándolo divertida, él bebió abochornado de su vaso sin contestar- ¿Y puede saberse cómo el serio y recto fiscal perdió de esa manera su compostura y pudo lanzarse así a besar a una chica en su primera cita? No espera, que no era una cita… ¿cómo lo llamaste? ¡Ah sí! “Un compromiso” ¿no era así?- bromeó burlona y él sonrió derrotado.
-¿Sabes qué puedes llegar a ser realmente fastidiosa? Venía de muy buen humor- protestó cariñoso -Al final va a tener razón la pobre Norma en ser tan recelosa con el señor fiscal- bromeó cariñosa y se rieron amenos.
Aquel lunes Guillermo no podía dejar de pensar en Marina, ocupaba toda su mente sin dejarlo concentrarse en nada. No podía apartar de su memoria aquella maravillosa tarde de domingo, aquel hermoso rostro sonriéndole dulcemente y, como no, aquel maravilloso beso en el portal cargado de inocencia y candidez. Deseaba terriblemente volver a verla, volver a escuchar su dulce voz tan cálida que lo encandilaba y, sobre todo, volver a besarla. Sus labios le ardían de deseo por volver a saborear aquella deliciosa boca. Pero tenía un día demasiado ajetreado para poder escaparse un instante hasta la librería: se le presentó ante él un caso demasiado importante y suculento como para dejarlo escapar; y, aunque aquel caso lo entusiasmó y empezó a trabajar en él con todas sus ganas, no podía evitar desquiciarse al ver que las horas pasaban raudas sin poder salir ni un momento, deseaba con todas sus ansias al menos verla aunque fuera un instante… Lo mismo ocurrió el martes, pero se pasó por la librería cuando regresó a los muchachos a la ciudad con la excusa del libro de Betty; faltaba muy poco para las nueve pero, con un poquito de suerte, aún la pillaría abierta…
-Mi niña no le está- le expuso animosa la anciana sin dejar de colocar sus cartas sobre el mantelito de estrellas cuando Guillermo se disponía a entrar en la librería
-Perdón ¿Cómo dice?- repuso confundido y ella le sonrió amigable
-Que mi niña Marinita no le está ¿acaso no venía a eso? ¿A verla?- aclaró resuelta mirándolo pícara y sonriendo amena; Guillermo se sintió ofuscado ¿cómo aquella mujer podía saber…?
 -No, se equivoca buena señora; yo solo vengo a por un libro- respondió esquivo pero no pudo evitar sentir una tristeza inmensa y una gran desazón al oírla, la mujer sonrió socarrona
-¡Ya!- expresó guasona y siguió extendiendo sus cartas haciéndolo sentir estúpido por mentirle ya que parecía saber realmente lo que él sentía ¿acaso se le notaba tanto? Pensó ofuscado- bueno, pero por si acaso le interesa para la próxima vez, sepa que a los martes va a la editorial a realizar su pedido semanal y a veces se retrasa tanto que ya no regresa y cierra Cris; como parece que va a pasar hoy- le comentó despreocupada, Guillermo sonrió derrotado y ella también le sonrió alegre; le entregó un billete de veinte
-Gracias por la información- le murmuró animoso al oído y entró en la librería. El libro aún no había llegado para consolación de Guillermo.
El miércoles conducía muy despacio por la Avenida camino del bufete vigilando atento la acera, necesitaba verla un instante aunque fuera de lejos. Sonrió feliz y su corazón empezó a latirle presuroso cuando la encontró hablando con la anciana ante su librería. Sin detenerse pero conduciendo muy lentamente, la observó deleitado por el espejo retrovisor; miraba encandilado aquel dulce rostro y aquella preciosa sonrisa que le ofrecía a la anciana al tiempo que le entregaba una bolsa de papel y un café caliente y sonrió aún más dichoso; era tan buena y cariñosa como dulce e inocente, pensó encandilado. Los bocinazos impacientes de los coches que lo seguían lo sacaron de su deleite y aceleró al fin su coche.
Pero haberla visto en vez de apaciguar sus ansias por estar con ella aún las acrecentó mucho más y sabía que solo verla no le llegaría. No solo ansiaba volver estar en su compañía, deseaba mucho más; ardía en deseos de volver a besarla, pero esta vez también abrazarla, tenerla entre sus brazos sintiendo su calidez contra su cuerpo. Solo imaginárselo le erizaba la piel y un estremecimiento de placer le recorría el cuerpo excitándolo tremendamente. Aquella cándida y dulce mujer lo había regresado a su adolescencia y se sentía dichoso.
Regresó a casa ansioso, estaba deseoso de llegar y hablar con Norma; tenía que convencer a la fierecilla de que le echara una mano para su cita del sábado con Marina y tenía que conseguirlo a como diera lugar. Cuando llegó a casa ya estaban trabajando en el estudio; se quedó observando en la puerta apoyándose en el quicio cruzando los brazos sobre su pecho. Gus mejoraba en sus cuadros, eran más intensos y profesionales. Pero Norma lo hacía realmente bien, el paisaje que estaba pintando era precioso; delicadamente suave había sabido plasmar muy bien todos los matices fusionando a la perfección los colores sin darle aquellos trazos bruscos que Gus aun realizaba y le había dado una luz especial que prendía la mirada del espectador. Realmente tenía un gran talento, pensó complacido. -¡Ey, Guille; ya has regresado!- lo saludó entusiasmada su hermana al descubrirlo allí parado, le sonrió cariñoso. Los muchachos se volvieron también al oírla. Él entró caminando despacio y besó amoroso la frente de su hermana
 -Parece que esto va muy bien ¿no?- comentó afectuoso observando los cuadros de los muchachos, Beatriz sonrió dichosa
-¿Te has dado cuenta que lo que te decía de Norma era cierto?- expresó entusiasmada- ¿Que rápido le está cogiendo el tiento al óleo?- él le sonrió entrañable
-Sabes que yo solo te puedo decir si es bonito o no, cariño; no entiendo nada de pintura- comentó desconsolado- Pero me gusta mucho lo que veo, en los dos- añadió encantado; los muchachos le sonrieron agradecidos y satisfechos
-Me da igual, tu opinión para mi es más valiosa que el de cualquier entendido en arte- lo elogió amorosa su hermana, él la besó nuevamente agradecido.
 -Cielo ¿puedo robarte unos minutos de tu clase? Necesito hablar con la fierecilla un momento- le pidió amable, Beatriz sonrió embelesada y le hizo un gesto cariñoso con su mano cediéndole el paso. Norma lo miraba intrigada
-¿Qué he hecho?- preguntó alerta mirándolo desconfiada
 -Nada que yo sepa ¿por qué?- repuso desconcertado
-¡Diablo de chiquilla, siempre piensa que ha hecho algo malo!- repuso cariñosa Beatriz sonriendo dulcemente
-Eso es que no tiene la conciencia tranquila- expuso socarrón y Norma lo miró con chispas de furia en los ojos- Vale, me he pasado perdona… ¿una tregua y me harías un favor?- le indicó mucho más amable sospechando que había comenzado con mal pie con aquel inoportuno comentario, ella lo observó extrañada
 -¿Un favor? ¿Yo a ti?- indicó desconcertada
-Sí, tú… Le propuse a tu hermana de salir el sábado a cenar; pero le preocupa dejaros solos y además cierra tarde- expuso resuelto, ella lo miraba confundida- estuve pensando si podrías echarme una manita y ofreceros tú y Rubén a cerrar la librería; y prometiendo que, al menos durante un par de horas, os comportaréis para que ella pueda estar tranquila- propuso conspirado, ella lo miró concentrada
 -¿Y quieres que sea este sábado?- expuso reflexiva y él asintió con la cabeza- ¡Pues va a ser que no chico, lo siento!- dijo rotunda dejándolo desorientado, ella lo miraba apenada por su gesto desilusionado
 -Te pagaré lo que quieras…- le ofreció afanoso
-¡No es eso tío! ¿Qué es lo que piensas?- respondió ofendida- Si por mí te prometo que no hay problema; pero es ella la que no aceptará a salir este sábado- explicó concluyente
 -Pero si ya aceptó- expuso desconcertado
 -¡¡Ah sí claro!! ¿El domingo, verdad?- repuso guasona y él volvió a asentir con la cabeza- No sé qué rayos pasó el domingo, pero llegó flipada chico ¡Parecía andar en las nubes!- exclamó resuelta y Beatriz rió jocosa provocando que Guillermo se sonrojara
 -¿Qué has hecho ya picaruelo? ¡Mira tú quien me va a reclamar siempre que voy demasiado deprisa!- expresó socarrón Gus sonriendo malicioso
-¡¡Cállate Gus!! ¡¡No seas mal intencionado!! No he hecho nada; solo paseamos por el embarcadero, nada más- exclamó rotundo sonrojándose aún más y provocando las risas burlonas de todos
-Pues hazte a la idea de que ahora, bajado el subidón, lo rechazará; eso te lo aseguro- repuso contundente
-Pero ¿Por qué?- expresó confundido mirándola sin entender
-Pues porque este sábado es el día libre de Cris y estará agotada cuando llegue a casa… Además ¡¿Dejarnos solos en la librería?! ¡¡Ni loca!! ama a sus libros y a esa librería casi tanto como a nosotros- la cara de decepción de Guillermo lo decía todo y Norma sintió lástima por él- mira, propónselo para el sábado que viene; seguro que entonces sí aceptará y te prometo ayudarte en todo- lo alentó tierna pero no parecía convencerle la idea
-Oye ¿Y si le aparecemos los tres a echarle una manita para que no se agote tanto y me ofrezco yo a ayudaros a cerrar? No sabes lo convincente que puedo llegar a ser, se creerá que soy formal y todo- se ofreció animado Gus y todos rieron divertidos
 -Pero es que además hay otro problema aún más gordo que el cerrar o que la ayudemos- expuso ensombrecida mirando apenada a Guillermo que frunció el ceño intrigado- ¡¡Rubén!!- nombró espantada- Nunca aceptará que salga de noche y mucho menos con un hombre- explicó resuelta y categórica
-¡¡Nunca me hubiera imaginado que podría llegar a ser tan complicado salir simplemente a cenar!!- se quejó Guillermo desamparado y todos se quedaron mirándolo abatidos.
-Ah, pero de Rubén me encargo yo fácilmente- exclamó desenfadado Gus palmeando amistoso el hombro de Guillermo que lo miró enredado- solo tengo que proponerle salir a tomar algo con Selena y ya lo tengo tan flipado toda la noche que ni se acordará de vosotros, tío; me fijé el domingo como le hacían chiribitas los ojos al mirarla y aceptará de inmediato ¡¡ya lo verás!!- repuso recreado y se rieron divertidos.
 -Entonces ¿quedamos así?- ansió ilusionado Guillermo mirando esperanzado a Norma que movió desentendida los hombros asintiendo con la cabeza
-¡Claro que sí, colega; tranqui!- respondió decidido Gus- Ahora… tienes que prestarme pelas para poder salir y tenerlos entretenidos porque este último trabajito no lo cobré por hacerle un favor a un colega y estoy canino- añadió confiado
 -Sin problema, ya lo sabes; es más, si necesitas algo para pasar la semana solo tienes que decirlo- respondió resuelto Guillermo, besó entusiasmado la frente de Norma
 -¡Ey, pero que te ayude no te da permiso a que sobes!- protestó cortante limpiándose asqueada la frente, aunque el brillo encandilado en sus ojos por aquel tierno detalle la delató
-¡Chica, mira que puedes llegar a ser arisca!- repuso asombrado Gus mirándola incrédulo
-Ya se suavizará cuando le llegue su momento- comentó cariñosa Beatriz y todos rieron entrañables menos Norma que parecía enojada de nuevo- Con tanto entusiasmo no te olvidarías de mi encargo ¿verdad Guille?- le indicó a su hermano divertida
-¡No, que va!- respondió eufórico- Ya lo encargué y ayer fui a buscarlo pero aún no llegó, iré a por él el sábado- la besó también en la frente y se marchó a su despacho radiante y feliz
-Creo que esta semana van a tener suerte los acusados, el fiscal implacable anda en las nubes ¡¡Lo que pueden hacer unas faldas, por Dios santo!!- se burló guasón Gus y Betty rió divertida
-¡Mi hermana no es una falda cualquiera chaval! ¡Es una persona maravillosa!- protestó fastidiada Norma pero su voz sonó orgullosa
 -¿Ah sí? Pues voy a tener que conocer yo esa maravilla entonces- volvió a bromear guasón y los tres se rieron alegres
 Guillermo los dejó ante el portal de Norma como todos los miércoles. Pero, esta vez, Gus siguió a Norma dentro del portal; ella se quedó mirándolo asombrada
 -¿A dónde crees que vas?- inquirió desconcertada
-A conocer a esa maravilla como ya te dije ¿o acaso creías que bromeaba? Además, tiene que ser una preciosidad para chiflar de esa manera al implacable y recto fiscal don Guillermo Sanmartín- respondió resuelto y siguió con paso decidido hacia el ascensor, ella lo miraba incrédula sin soltar el portalón de entrada- ¿Te vas a quedar ahí? Porque yo en serio que pienso subir- repuso mirándola mientras llamaba el ascensor, ella soltó al fin la puerta. Gus sonreía recreado mirándola de soslayo, a pesar de su mal genio era divertida y entrañable; además de muy bonita, tenía unos ojos azules brillantes y alegres. Su naricilla pequeña y muy recta era perfecta. Sus mejillas estaban salpicadas de pequeñas y casi invisibles pecas.
 -¿Qué me miras?- soltó mosqueada por su insistente mirada y él sonrió abiertamente
-Que a pesar de tu insoportable mal genio eres muy bonita ¿lo sabías?- contestó sincero y tranquilo. Norma quedó atónita de su sinceridad, siempre lograba desubicarla dejándola aturdida- Vamos a proponerle una doble cita a Rubén, para que sea más fácil convencerlo; si le comentamos antes la invitación de Guille se pondrá a la defensiva y no aceptará- ella asintió admirada, era increíble lo rápido que entramaba siempre las cosas con ideas perfectas.
-¿Una cita tú y yo? ¡No se lo creerá nunca!- bromeó divertida y él rió astuto
 -Tú déjamelo a mí muñeca, ya te he dicho que puedo llegar a ser muy convincente ¿no me oyes cuando te hablo o es que no me crees?- expresó vanidoso y se sonrieron animados mientras Norma abría la puerta del piso. La entrada desembocaba ya en el salón de la casa, donde se encontraron a Rubén tirado todo a lo largo en el sofá mirando el televisor. Los observó asombrado al entrar
-¿Y tú aquí?- inquirió sorprendido pero sonriéndole encantado a Gus
 -Hoy acabamos antes y pasé a hacerte una visita- repuso entrañable sentándose apaciblemente en otro sofá acomodándose de forma natural, como si viviera allí- ¿Qué miras, tío?- preguntó animado ojeando el televisor
-Nada en particular, solo estaba pasando el rato hasta que volviera Norma- respondió impasible y algo aburrido
-Ah pues pon el canal de deportes, colega; que está a punto de empezar la final de baloncesto- contestó animado estirando las piernas debajo de la mesita de salón y colocando sus manos entrecruzadas tras la cabeza. Norma los observaba boquiabierta por su descompostura pachorrenta frente al televisor
-¡Que dos! ¿Les sirvo algo de picar y de tomar a los señoritos?- se burló sarcástica
 -Pues no estaría nada mal ese detalle, muñeca- le contestó Gus guasón palmeándole suavemente un glúteo cuando pasaba por encima de sus piernas para irse a su cuarto, ella le clavó una mirada enfurecida mientras se sonrojaba tremendamente, Rubén rió divertido- ¡Tienes una hermana increíblemente bonita, colega! ¡Pero con un genio endemoniado! Voy a tener que hacer algo para suavizárselo- bromeó guasón y ambos se rieron jubilosos y lozanos, Norma se encerró irritada con un tremendo portazo en su cuarto. Pero en el fondo se sentía feliz y dichosa al oírle decir que era increíblemente bonita, le sonrió encantada a su reflejo en el espejo del armario.

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