martes, 5 de mayo de 2015


    Jaime estaba de pie ante la gran mesa de cristal explicando los pasos que había dado, las propuestas que había realizado y como habían ido las negociaciones con el empresario de la capital cuando entró Marta apresurada y sin llamar siquiera interrumpiéndolos. Los tres la miraron desconcertados por aquella inesperada y abrupta entrada de la mujer
-¡¿Acaso no sabes llamar?!- bramó irritada Clara
 -¡¡Jaime, Lucía está al teléfono!! ¡¡Línea 2!! ¡¡Quiere hablar contigo cielo!! ¡¡Al fin apareció cariño mío!!- exclamó llena de alegría mirándolo con un cariño enorme sin hacer ningún caso al reproche de Clara. Pedro abrió atónito sus ojos al oírla y observó inquieto a Clara temiéndose alguna reacción por su parte pero, para gran desconcierto suyo, ella no hizo ningún gesto de sorpresa ante aquella asombrosa noticia dejándolo completamente descolocado.
 La primera reacción de Jaime fue echarle de inmediato la mano al auricular del teléfono que estaba junto a él sobre la mesa de cristal, pero no descolgó; se quedó mirando la parpadeante lucecita roja de la línea 2 durante unos segundos mientras tragaba nervioso y costosamente saliva. Tanto Pedro como Clara y Marta lo miraban expectantes esperando que reaccionara
-¡Jaime, está esperando cielo!- instó impaciente Marta ante su clara vacilación a contestar
-Dile que no estoy Marta- resolvió decidido apartando su mano del teléfono, ellos lo miraron atónitos -Pero Jaime… ¿No me has escuchado? ¡Es Lucía!- insistió desconcertada Marta
-¡¡Te he escuchado perfectamente, Marta!! ¡¡Ahora escúchame tú a mí y haz lo que te he dicho!!- clamó tajante, la mujer lo miró sobrecogida; no solo por aquella desconcertante contestación sino porque nunca le había levantado la voz de aquella manera en todos los años que estuvieran juntos- y si vuelve a llamar le contestas lo mismo ¿me oyes? A partir de hoy, para esa mujer no estoy nunca ¡¡Nunca!! ¡¿está claro?!- remarcó contundente mirándola con una decisión tremenda en la mirada que le impactó; asintió con la cabeza y Marta obedeció cerrando la puerta muy despacio. No podía creer lo que acaba de escuchar; después de estar tan desesperado por no saber de Lucía y buscarla como un loco por toda la ciudad, ahora parecía no importarle nada de nada… Miró incómoda el auricular del teléfono sobre su mesa y tomó aire profundamente antes de descolgarlo de nuevo
-Lucía cielo ¿sigues ahí?- interrogó esperanzada de que hubiera colgado o la llamada se hubiera cortado
 -Sí aquí estoy Marta-respondió al instante, por su voz podía percibirse claramente que estaba impaciente y muy nerviosa; Marta se mordió embarazosa el labio inferior ¿cómo decirle a aquella ilusionada muchacha que Jaime no quería saber nada de ella?
 -Lo siento cielo… estaba confundida corazón… no sé cómo no me di cuenta, no lo vi salir… pero me dicen que ya se fue hace rato…- explicó con gran cariño y muy considerada pero, balbuceó tanto y su voz sonó tan desconcertada y tan apagada, que Lucía no tuvo ninguna duda de que le estaba mintiendo
 -¿No quiere ponerse verdad?- instó apesadumbrada, Esther y Carlos se cruzaron miradas inquietas al escucharla; la mujer no respondió- por favor Marta, dile que es de suma importancia que me escuche, que tengo que decirle algo muy importante que él necesita saber y ya no puede esperar más… por favor Marta… convéncelo de que me escuche, después puede seguir despreciándome todo lo que quiera pero es muy, muy importante que hable con él- imploró llorosa
-Lo siento Lucía, fue muy tajante al respecto y ya sabes cómo es cuando dice “no”- expuso apesadumbrada
-Por favor Marta, inténtalo al menos ¿sí? Dale mi número y que él me llame cuando pueda o decida; pero de verdad es muy importante que sepa lo que tengo que contarle… por favor- siguió suplicando entre lágrimas
-Lo intentaré cielo, eso ni lo dudes... pero no te prometo nada corazón- expuso amable.
 Mientras, dentro de la sala de reuniones, Pedro miraba incrédulo a Jaime sin poder salir de su asombro; tampoco podía creerse que, después de estar tan desesperado por la desaparición de Lucía, ahora hubiera reaccionado de aquella forma
 -Ahora entiendo tu “eufórico” regreso- expuso mordaz Clara, Jaime la miró con gran dolor en la mirada- Decirte ahora: “te lo dije” sería demasiado obvio ¿verdad?- siguió hablando sarcástica, Jaime la miró desdeñoso
 -Cállate, por favor te lo pido- murmuró tragando incómodo saliva y esquivando sus ojos de los de ella; sentía como el corazón se le rompía en mil pedazos provocándole un dolor inmenso en el pecho provocándole que hasta le costara respirar. Pedro los observaba sin entender nada
 -¿Qué diablos ha ocurrido en la capital?- instó curioso mirándolos extrañado
-Nada de lo que valga la pena hablar ¿podemos seguir con lo que estábamos?- resolvió rotundo Jaime recogiendo uno de los informes intentando centrar su atención en él y esperando que aquel dolor tan insoportablemente atroz desapareciera cuanto antes o, al menos, se placara un poco. Pero Pedro no se dio por vencido y miró insistente a Clara, ella tomó aire profundamente
 -Pues lo que ha ocurrido es que aquí tu gran socio encontró por fin a su... “adorada Lucía”- explicó con sorna sin apartar sus ojos de Jaime esperando alguna mirada reprochadora suya; pero él solo se limitó a tragar de nuevo muy costosamente saliva sin levantar la mirada de los papeles que sostenía en la mano
-¡¿No jodas?!- exclamó pasmado Pedro abriendo aún más los ojos- ¿Y dónde? ¿Cómo fue?- siguió preguntado curioso
 -Pues resulta que es enfermerita en el hospital donde estuvo ingresado, allí se encontraron- siguió exponiendo mordaz, Jaime soltó sonoramente aire por la nariz pero tampoco reaccionó a sus puyas- y, por lo que parece y a pesar de mis advertencias, aquí el caballero debió volver a llevar una buena patada en los huevos de su “añorada, preciosa y dulce princesita”- acabó aclarando burlonamente sarcástica
-¡¿Basta ya, no te parece?!- exclamó tremendamente dolido Jaime mirándola terriblemente afligido -¡¡Te lo mereces!! ¡¡Te mereces ésto y mil veces más por cómo te has comportado conmigo y por todas las cosas que me dijiste en ese maldito hospital!! ¡¡Te lo advertí Jaime, te lo dejé bien clarito; no cuentes conmigo para superar esta nueva desilusión!! ¡¡Estoy harta de que me trates como un trapo de fregar y no voy a permitírtelo nunca más!!- reclamó furiosa mirándolo muy decidida y ambos se quedaron mirándose fijamente a los ojos.
 -¿Quieres decir con eso que se acabó lo nuestro?- expuso interrogante, Pedro observaba la escena muy intrigado
-¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!- masculló mirándolo ofendida- Después de despreciarme y decirme que de lo único que te arrepientes en esta vida es de liarte conmigo... ¿aún tienes la desfachatez de preguntarme eso? Además ¿Qué es para ti “lo nuestro” Jaime?! ¡¿Acostarte conmigo, tratarme después como una basura y volver al día siguiente a acostarte conmigo?!¡¿Eso es para ti “lo nuestro”?!- escupió dolida, él apretó incómodo los labios- ¡¡Pues sí Jaime, eso se acabó!! ¡¡No estoy dispuesta a seguir siendo tu puta o tu saco de boxeo para según qué desahogo te apetezca hoy!! ¡¡Ni se te ocurra nunca más proponerme salir, cenar ni nada de nada hasta que realmente sepas lo que quieras!!- clamó rotunda y muy decidida; Jaime tiró el expediente que tenía en la mano sobre la mesa con desdén y salió de la sala de reuniones hecho una furia. Marta observó como, con cara de dolor y ojos lleno de rabia contenida, se acercaba por el pasillo
-Jaime, tienes un recado...
-¡Ahora no Marta!- bramó enfurecido y se encerró dentro de su despacho dando un tremendo portazo que la hizo estremecerse. Tras aquella reacción de su jefe, no sabía qué hacer: si darle el recado que Lucía le había dejado, o esperar a ver si él acababa preguntando por ella… de pronto su intercomunicador parpadeó, él la llamaba…
-Dime Jaime- expresó servicial asomándose a la puerta del despacho, él estaba de pie revisando unos documentos que releyó por encima y metió en su maletín donde ya tenía algunos otros- ¿Ya te vas? -Sí y estaré unos días sin venir por aquí; realmente debo descansar, apenas estuve un rato de pie y la pierna ya me está matando...- se quejó acariciándose dolorido la pierna lastimada, ella esbozó una tierna sonrisa compasiva- así que si necesitas algo, hablas con Clara o Pedro; pero si ves que es algo muy importante, me llamas por teléfono de inmediato ¿estamos?- siguió exponiendo resuelto sonriéndole amistoso; ya estaba mucho más tranquilo
 -Claro, por supuesto; pero sabes que prefiero mil veces hablar con Pedro antes que con la gata- aclaró rotunda, él rió divertido; ella y Clara nunca se habían llevado muy bien que digamos- y no te preocupes de nada y descansa, que bien lo mereces además de necesitarlo- recomendó dulcemente y se sonrieron entrañables- Jaime…- expuso algo menos decidida adentrándose en el despacho; él la miró sin dejar de sonreír- Lucía estaba muy interesada en hablarte, me dijo…
-Por favor Marta, creo que lo dejé bien claro ya ¿no?- la interrumpió fastidiado cerrando bruscamente su maletín y, recogiéndolo, intentó salir del despacho
-Lo siento Jaime pero debo decírtelo…- lo detuvo decidida sujetándole suavemente del brazo- me dijo que tiene algo muy importante que decirte, algo que no puede esperar más y es necesario que sepas; me dio su número y me dijo que la llamaras cuanto antes…- siguió hablando mostrándole la nota con el teléfono de Lucía; él se quedó mirándolo sin cogerlo- por favor Jaime, insistió muchísimo en que la llamaras; realmente parecía muy importante… hasta llegó a decir que después puedes seguir despreciándola si quieres, pero que era sumamente importante que supieras ya lo que tiene que decirte- perseveró inquieta, ambos se miraron a los ojos fijamente unos segundos- de verdad que la noté muy inquieta y preocupada, te lo digo en serio Jaime; hasta llegó a suplicarme que te lo diera y yo le di mi palabra de que así lo haría- volvió a insistir decidida, de pronto él recogió el papel y, haciéndolo una bola entre sus dedos, se lo metió en el bolsillo de su pantalón
 -Pues ya está, ya me lo has entregado y has cumplido tu palabra; no quiero volver a oírte hablar de ella ¿estamos?- repuso contundente y salió del despacho sin decir nada más.
-¿Ya te vas? Espera que quiero hablarte sobre…- oyó como lo detenía Clara antes de que ella saliera del despacho de su jefe
-Si es algo de trabajo, habla con Marta o Pedro; y si es algo personal, ni tengo humor ni ganas de escucharte nada más en estos momentos- la atajó rotundo sin detenerse cuando Marta salía del despacho; lo vio dirigirse presuroso, aunque cojeando más visiblemente que cuando llegó, hacia los ascensores. Clara clavó en Marta una de aquellas miradas furiosas y felinas que tanto amedrentaba a todo el mundo
-¿Qué rayos le has dicho estúpida? ¿No se te ocurriría darle ningún recado de esa imbécil, verdad?- le increpó furiosa
 -Aunque no tengo que darte ninguna clase de explicación de lo que hablo con mi jefe, te diré que solo hablamos de temas de trabajo- respondió déspota regresando altanera a su mesa sin darle importancia a su irritada mirada. De pronto la miró a los ojos desafiante- Además ¿Qué le has hecho tú? Porque ya salió así de la sala de reuniones- le reclamó mordaz y Clara se encerró en su despacho dando un tremendo portazo; Marta sonrió vencedora- a mí no me amedrentas con tus ojos de gata rabiosa como haces con los demás; muérete de celos estúpida, que la única imbécil y estúpida que hay aquí, eres tú- murmuró complacida mientras regresaba a su trabajo.
Aunque Lucía esperaba ansiosa todos los días la llamada de Jaime y mentalmente estudiaba formas distintas de cómo decírselo, ya habían pasado dos semanas sin que ésta se produjera y empezaba a asimilar que nunca la iba a llamar. Así a todo y alentada diariamente por Esther y Carlos, volvió a probar varias veces con Marta aunque también sin resultado, Jaime no había vuelto por la oficina desde aquel día y la pobre mujer ya no sabía qué decirle para animarla
-Mira cielito, llámalo a su teléfono particular; inténtalo cielo, nunca se sabe... espera que te lo doy...- la animó Marta una vez más viendo como aquella ilusión en Lucía por dar con Jaime se iba apagando día a día
-No Marta, te he dicho que no quiero ponerte en ese compromiso, aunque te lo agradezco; si lo llamo a su casa, sabrá que tú me diste su teléfono y con su carácter puedo meterte en serios problemas…
-A mí no me importa corazón; toma nota...- contestó decididamente resuelta
-Pero a mí sí Marta, no me lo perdonaría nunca; no te preocupes, seguiré esperando e intentándolo contigo… si no te molesto, claro está- expuso amable
-¡Claro que no me molestas cielito! Llámame cuantas veces quieras y siempre que lo necesites, no solo por saber si ya vino o no; sabes que siempre me caíste muy bien cariño y te tengo aprecio- expuso sincera y ambas sonrieron agradadas.
Al colgar aquellas llamadas, la mirada irritada y felina de Clara se clavaba en Marta
-¿Quién era?- siempre indagaba inquieta así Marta colgaba el auricular
-Nadie que te importe; era una llamada personal- era siempre su desenfadada respuesta sin darle más explicaciones; Clara apretaba furiosa sus labios y se encerraba de nuevo en su despacho dando un portazo. Marta reía complacida por haberla fastidiado un poco más aquella mañana
-¿Es ella verdad? ¿Esas llamaditas día sí y día no, son de ella?- instó irritada aquella tarde en vez de encerrarse como siempre, la curiosidad la estaba matando
-¿Ella quién, Clara? No sé a qué te refieres- respondió cándida mirándola como si no supiera de qué le hablaba; Clara entrecerró furiosa sus ojos
-Sabes muy bien a quién me refiero estúpida- masculló rabiosa
-Pues no, no lo sé; pero, aunque lo supiera, tampoco iba contestarte; no tengo que darte explicaciones de las llamadas que recibo ya que tú no eres mi jefe- contestó resuelta mirándola desafiante
-Te estás volviendo muy altanera y deslenguada, cualquier día te voy a poner de patitas en la calle; ya verás como se te bajan esos humos que tienes- la amenazó colérica
-A mí no me amenaces que no me das miedo ninguno; y tú no eres quién para despedirme: toma, llama a Jaime y que él lo haga personalmente o yo no me iré a ninguna parte- respondió mostrándole decidida el auricular de su teléfono; Clara tomó aire profundamente varias veces seguidas y volvió a encerrarse en su despacho. Marta sonrió satisfecha regresando el auricular a su lugar. Al instante empezó a sonar sobresaltándola tremendamente- despacho de Jaime Ventura ¿en qué puedo ayudarle?- contestó educada aunque echándose la mano al pecho, del susto que llevara su corazón parecía irsele a salir del sitio
 -¿Qué rayos está pasando?- interrogó curiosa Blanca, la telefonista de recepción
-Que yo sepa nada ¿por qué?
-Acabo de recibir una orden muy extraña, Martita... Susana, esa nueva secretaría de la señorita Riquelme que tiene tantos aires como ella, me ordenó que todas las llamadas que lleguen preguntando por el señor Ventura se las pase directamente a ella... ¿qué pasa Marta? ¿Acaso te vas a algún lado?- explicó muy intrigada
-Será hija de puta...- murmuró fastidiada mirando furiosa la puerta cerrada del despacho de Clara- Blanquita, hazme un favor ¿sí?
-Por supuesto compañera; sabes muy bien que ninguna de esas dos son santo de mi devoción- aclaró compinche y Marta río divertida
 -Pues tú obedece, pásale a esas dos estúpidas todas las llamadas; ojalá les ardan los teléfonos... pero antes pregunta de parte de quién son y cuando la que llame sea Lucía Salvatierra, esa pásamela a mí sin que nadie lo sepa ¿de acuerdo?
-De acuerdo; Lucía Salvatierra, aquí lo apunto; y no te preocupes que así lo haré- respondió servicial y amistosa
-Gracias cielito- agradeció Marta colgando seguidamente el teléfono- A mí me va a joder una imbécil como tú, vamos hombre- murmuró complacida mirando satisfecha la puerta del despacho de Clara. Jaime intentaba seguir con su vida; aunque, entre aquella aburrida desidia diaria de no tener nada que hacer y el rostro hermoso de Lucía que no lo lograba desterrar de su mente, no era capaz de estar en paz; además, aquellas insistentes preguntas se le repetían una y otra vez en su mente irritándolo terriblemente ¿Por qué tenía que haber aparecido de nuevo en su vida cuando ya más o menos iba superando su recuerdo? ¿A qué venía ahora que Lucía quisiera hablarle tan insistente? ¿Qué podía ser tan importante? ¿Restregarle por las narices lo feliz que era ahora sin él a su lado? ¿Por qué demonios no continuaba con su maravillosa vida junto a su pareja e hijos y lo dejaba a él en paz de una puñetera vez? Pero aquella desazón por saber qué querría decirle no lo dejaba tranquilo y sacaba el arrugado papel de su bolsillo que no había tirado como en un principio pensaba hacer y se quedaba mirándolo ensimismado sintiendo unas ganas terribles de llamarla y poder oír al menos su voz... Pero las desterraba rápidamente, se guardaba de nuevo el papel en sus pantalones y se iba a pasear por el bosque alejándose de la casa y sobre todo del teléfono, para no cometer esa estupidez.
Aunque intentaba disimular entre bromas y sonrisas tiernas su tristeza interna, a sus padres no los engañaba y observaban preocupados su inapetencia a la hora de comer, la tristeza en sus ojos, sus largos y solitarios paseos por el bosque con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones y su mirada perdida en sus recuerdos... Una tarde más, su padre lo observaba desde el ventanal de la sala como se acercaba lentamente a la casa pero se quedaba sentado en las escaleras del porche sin atreverse a entrar mientras no lograba apaciguar su mente para afrontar de nuevo la dura tarea de disimular ante ellos
-Era tan guapo y lindo de pequeño… - expuso enternecida Marisa mientras revisaba con ternura las fotos de su hijo cuando era niño por millonésima vez. Desde que Jaime estaba tan abatido, ella buscaba refugio a su imposibilidad de ayudarlo en ver una y otra vez los álbumes de fotos
-Lo sigue siendo corazón; es un hombre muy atractivo- respondió rotundo Héctor
 -Lo sé…- murmuró suspirando profundamente- Pero nuestro hijo no está bien Héctor, nada bien; lo veo cada día más apagado y triste, ahora ya apenas come- aclaró muy inquieta
-Sabes que no es hombre de estar sin hacer nada, cielo; esta inactividad lo deprime- aclaró sereno regresando a su sillón y retomando su periódico
-No Héctor; es que no logra olvidar a Lucía y… ¡¡si sigue así, nuestro hijo acabará enfermando!!- declaró angustiada mirando con ojos llorosos a su esposo que también la observaba desazonado- Nos costó tanto tenerlo Héctor, pasamos por tantas y tantas cosas... y cuando ya parecía imposible, al fin llegó- habló llena de amor y dolor al mismo tiempo, su esposo sonrió enternecido recordando aquel maravilloso momento que habían vivido después de tantos problemas- Héctor, si ahora le pasara algo a mi chiquito, yo… yo...- sollozó afligida apretándole angustiada la mano
-Por Dios bendito Marisa, no pienses cosas raras mi ángel; nada le va a pasar a nuestro hijo, estate tranquila; así vuelva a trabajar se le pasará todo, ya lo verás- la intentó tranquilizar, aunque él tampoco estaba tranquilo
-Habla con él Héctor, intenta que te cuente y que saque esa tristeza que lleva dentro- animó esperanzada
-Sabes cómo es cielo, nunca se abrirá si no quiere...
 -Por favor... inténtalo al menos- suplicó llorosa, él suspiró profundamente dejando el periódico sobre la mesita de café
-Está bien, intentaré hablar con él... pero no te prometo nada- repuso derrotado levantándose del sofá, ella le sonrió más relajada- y ahora estate tranquilita y deja de pensar en cosas macabras que nada le va a ocurrir a nuestro hijo ¿de acuerdo?- aclaró tierno besándola cariñoso en la sien antes de salir de la sala.

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