martes, 4 de agosto de 2015


    -A ver mi chiquitina- expresó dulcemente el padre de Lara acercándose a Luna, la pequeña lo miró cohibida- perdóname preciosa, no quise asustarte muñequita linda pero yo no tengo la culpa de hablar fuerte ¿a qué no?- se disculpó cariñoso con voz suave acariciándole dulcemente la mejilla, la niña le sonrió comprensiva negando con la cabeza- ¿lo ves? Hasta esta preciosidad entiende mejor que tú- le reprochó con satisfacción a Lara que se mordió fastidiada la parte interna de su moflete izquierdo. Todos rompieron a reír explayados haciéndola sentir aún más agraviada pero se tragó su orgullo y no dijo nada- Ven aquí mi preciosa chiquitina- expresó tomándola resuelto de los brazos de Lara- ¡¡Coño, como pesas y no lo parece; estás bien cebada pequeñina!!- exclamó sorprendido besándola cariñoso en la mejilla
-¡¡Hala, mira que manera de expresarte: no estás hablando de un becerro que es una criatura por si no lo sabes!!- le recriminó picajosa Lara mirándolo reprochadora
 -¿Y cómo se llama este becerrito precioso?- le preguntó chistoso a la pequeña echándole burlón la lengua a su hija provocando de nuevo las risas del resto
-Luna- respondió desenfadada la chiquilla
-¡¡Que nombre tan bonito!!- exclamó encantado volviéndola a besar en la mejilla, la pequeña le sonrió complacida- ¿y vosotros sois entonces...?- se interesó amistoso mirando a Mario y Lucía -Mario, el padre del becerrito- se presentó divertido Mario extendiendo cordial su mano mientras miraba guasón a Lara que hizo un gesto de impotencia con los ojos
-Yo Ricardo, el padre de aquí: la gata salvaje- también bromeó el padre de Lara estrechándole con gusto la mano de Mario al tiempo que señalaba a Lara con un gesto de su cabeza, ella resopló fastidiada y Mario rió explayado
-Y yo Lucía, madre de él y por consiguiente abuela del becerrito- siguió la broma Lucía también estrechándole amistosa la mano provocando nuevamente las risas del resto, pero esta vez también Lara, ya vencida, rió entretenida
 -¡¿La abuela?!- exclamó con sorpresa sin soltar la mano que aún estrechaba de Lucía- ¡¡Increíble!! ¡¡Pero si es demasiado joven para ya ser abuela!!- expresó atónito mirando incrédulo el joven rostro de Lucía que le sonrió coquetamente agradecida
-¡Vaya, esto es nuevo! ¡¿Estás intentando coquetear con Lucía papá?!- exclamó burlona Lara riéndose picajosa
-¡¡No seas descarada niña malcriada!! ¡¡solo estoy diciendo la verdad: me parece muy joven para ya tener una nieta tan hermosota!!- se defendió al instante soltando presuroso la mano de Lucía y no pudiendo evitar sonrojarse abochornado
 -La verdad es que me apuré un poquito a tener al "hermosote papá" pero así a todo voy camino de los 50, tan increíble no tiene por qué ser- explicó resuelta Lucía intentando sofocar algo del mal trago que aquel pobre hombre estaba pasando por culpa de Lara
-No, no tiene por qué... pero sigo diciendo lo mismo: es usted muy joven- remarcó galante y ambos se sonrieron complacidamente satisfechos
-¿Este caballo también es tuyo?- se interesó Luna acariciando las crines negras del caballo cobrizo que se mantuviera junto a ellos obediente aunque Ricardo ya le soltara las riendas
-Sí mi chiquita, se llama Rayo ¿te gustan los caballos?- le habló con ternura acariciando también al honesto animal
-¡¡Sí muchisísimo!!- clamó entusiasmada, él rió gustosamente divertido
 -¿Quieres montarlo?- le propuso animoso
 -¡No!- clamó aterrado Mario
-¡¡Siiii!!- chilló entusiasmada al mismo tiempo la pequeña, todos rieron divertidos ante la aterrorizada reacción de Mario
-Tranquilo, no va a pasar nada: Rayo es leal y sabe muy bien a quien lleva encima ¿verdad machote?- lo intentó tranquilizar Ricardo acariciando tierno el morro del bello animal que resopló suavemente como asintiendo a lo que le preguntaban; Mario tomó aire profundamente y metió rendido sus manos en los bolsillos de sus vaqueros. Ricardo se quedó mirándolo intrigado por aquel expresivo gesto de resignación- pero si no estás de acuerdo, no pasa nada: es tu hija y tú decides...
 -No le haga caso, a Luna le hace ilusión y él tiene miedo por su pánico a los caballos- expresó socarrona Lucía riéndose guasona de su hijo
-¡¿No jodas?!- exclamó pasmado Leo riéndose burlonamente de él
-¡¡No le tengo miedo a los caballos, mamá: es respeto!!- al instante se defendió abochornado aunque solo consiguió que las risas aún aumentaran más- Además... ¿no hay un pony o algo así? Este caballo es demasiado alto para mi ardillita- expresó nervioso mirando inquieto el hermoso corcel, las risas divertidas volvieron a sonar
-Tranquilo, ya te digo que es muy pacífico- remarcó sereno Ricardo acariciando el cuello del animal -¿Un pony? Ni a un pony te acercarías tú...- murmuró burlona su madre
-Pues mira, si tan valientes eres ¿por qué no subes tú con Luna para asegurarla, mamaita guapa?- le propuso sagaz mirando pícaro a su madre que le cambió de pronto el rostro volviéndose casi en pánico mientras abría sobrecogida los ojos ante aquella propuesta- ¡¡Ja ¿a qué ya no te ríes?!!- exclamó jocosamente vencedor Mario y ahora sí que todos rompieron a reír a carcajadas
-¿También le tiene “respeto” a los caballos?- expuso guasón Ricardo remarcando socarrón el adjetivo -No, sí me gustan... pero nunca me subí a uno y la verdad es que Mario tiene razón: se ven tan altos que yo ahí arriba sola no me veo...- aclaró sobrecogida, Ricardo sonrió entrañable
-Pues ven tú mi chiquita, que pareces la única decidida aquí- bromeó chistoso Ricardo montando a Luna sobre el caballo; la pequeña, nerviosa por aquella novedad, se agarró a las riendas tensa- tranquila princesa, relaja las manos...- le indicó cariñoso acariciándole suavemente sus manitas que se fueron relajando poco a poco. A Mario, aunque tenía aún las manos metidas en los bolsillos del pantalón, se le percibía muy tenso al ver a su hija allí subida
 -Tranquilo, no va a pasarle nada…papá no dejará que nada le ocurra; está acostumbrado a enseñar a los niños abajo en la escuela y los hay realmente torpes; además, nadie conoce y sabe manejar mejor a los animales que él- lo intentó tranquilizar Lara sujetándose a su crispado brazo y acariciándoselo amorosa con su otra mano para relajarlo; él le sonrió algo más confiado
-Claro ejemplo: la crié a ella- expresó guasón Ricardo provocando las carcajadas de todos, Lara puso los ojos en blanco en claro gesto de derrota ante sus burlas- A ver mi princesita, ponte derecha, firme: así, muy bien- siguió indicándole dulcemente a la pequeña mientras le corregía la posición y ella obedecía al instante- deja tus bracitos sueltos, tranquilos; pero sujetando con seguridad las riendas, que Rayo note y entienda muy claro quién es él que manda mi chiquita...- explicó acariciándole suavemente los bracitos desnudos para relajárselos
 -¿Así?- preguntó la niña emocionada
-¡Muy bien mi princesita! ¡Sí señor, pareces toda una hermosa amazona! ¿estás segura que nunca has montado antes?- expresó orgulloso y ella sonrió feliz negando con la cabeza. Mario estaba más relajado mirando orgulloso a su hija- Bien ¿estás, no? ¿lo tienes todo claro?- se interesó animado
-Sí- respondió decidida enderezándose resuelta aún más
-Pues perfecto, entonces: ¡venga Rayo, vámonos!- indicó autoritario al caballo que echó a andar muy despacio. Mario así vio que el animal se ponía en movimiento, dio al instante un paso adelante sacando rápidamente sus manos de los bolsillos con intención de retirar a su pequeña de allí encima, pero Lara lo retuvo sujetándole por el brazo
-Tranquilo, te digo que no va a pasar nada- le habló tranquilizadora y él tragó inquieto saliva pero obedeció; el caballo se encaminó despacio hacia la entrada del establo saliendo a la explanada llevando a Luna en su grupa seguidos de Ricardo que, aunque mantenía una cierta distancia, no se separaba mucho de la pequeña muy atento por si caía. Ellos también salieron a la puerta del establo para ver disfrutar a Luna
-¡¡Mira, papi!! ¡¡Estoy montando; y yo sola!!- gritó emocionada la pequeña al verse paseando por delante del establo, todos sonrieron enternecidos ante la gran emoción de la niña
-¡Lo haces muy bien, cariño mío!- le contestó orgulloso Mario; de pronto se oyó un fortísimo golpe de Diablo golpeando las paredes de su caballeriza con las patas que los sobresaltó a todos
-Ese animal está desquiciado; parece poseído por el mismísimo demonio, Jesús bendito- expuso sobrecogida nana moviendo desalentada la cabeza mientras se santiguaba estremecida
-¿Qué es lo que le pasa, papá?- se interesó Lara mirando hacia la puerta cerrada del animal
 -A saber princesa; lleva así casi una semana- le respondió su padre moviendo desencantado los hombros aunque sin apartar los ojos de Luna- sintiéndolo mucho porque es un semental maravilloso, creo que acabaré castrándolo- expuso desalentado y poco conforme con aquella idea
-¿No te habrás despistado y habrá alguna yegua a punto de entrar en celo?- siguió indagando sin poder dejar de mirar la caballeriza del animal que se oía como resoplaba furioso
-No hay ninguna en estos momentos, peque, y debería estar desahogado el muy cabrito pues aún cubrió a Dona la semana pasada varias veces- respondió desenfadado Leo
-¿Le revisaste si tiene bien las herraduras, los dientes? ¿Le has hecho análisis pues si le está sentando mal algo que come, papá?- expresó impaciente intentando encontrarle solución
-¡Lara por todos los demonios! ¡Soy veterinario desde hace 20 años más que tú, sé lo que tengo que hacer ¿no crees?!- le contestó alterado su padre por su persistencia
-¡¡Vale, yo solo daba ideas!! ¡¡Que genio, Jesús!!- replicó fastidiada por aquella déspota contestación por parte de su padre que la miró arrepentido por haberle hablado así- ¿no le habrás mordido al pobrecillo y trasmitido la rabia?- expresó mordaz provocando que todos rieran divertidos, al instante la mirada de su padre cambió del pesar por haberle contestando mal a la ira contenida en segundos- voy a verlo- resolvió soltando el brazo de Mario al que aún seguía sujeta y entró de nuevo en el establo. Mario se quedo mirándola inquieto
-Ten cuidado mi niña, realmente está endiablado- exclamó asustada nana y al escucharla, Mario decidió seguirla; sí, era cierto que le aterraban los caballos, pero Lara era más importante y no iba a dejar que nada le pasara
Lara abrió la parte superior de la puerta de la caballeriza de Diablo y un fuerte resoplido sonó al tiempo que los golpes de sus patas moviéndose inquieto dentro
 -¿Qué pasa Diablo? Soy yo ¿no me reconoces? Anda, ven aquí preciosidad- le habló cariñosa metiendo su mano dentro de la caballeriza para que la oliera, pero nuevamente se oyeron sus cascos pasear muy nervioso por dentro de su cuadra alejándose de ella al tiempo que relinchó poderosamente; a Mario el corazón iba a salírsele del sitio de lo aterrado que estaba
-Cuidado peque que te digo que está más furioso de lo normal- avisó inquieto Leo
 -Ven aquí Diablo, toma, es para ti- siguió hablándole con un cariño y una ternura increíble mientras le ofrecía una manzana que recogió del cubo que tenía a lado- ven bonito ¿no la quieres? es para ti- iba diciendo dulcemente mientras daba pequeños pasos atrás hasta que logró que el animal asomara la cabeza; era un caballo negro alazán de ancho pecho, largas crines y ojos brillantes, las ventanas de su nariz se abrían y se cerraban presurosas mientras resoplaba sonoramente; se le veía muy enfadado. -Cuidado cielo- expresó inquieto Mario
-No pasa nada, tranquilo- le respondió serena sonriéndole amorosa, intentó acariciarlo pero el caballo volvió a relinchar sacudiendo nervioso la cabeza haciendo que se agitaran sus negras crines, y, resoplando poderosamente, se echó para atrás de nuevo- Ven aquí, no seas malo; tómala ¿no la querías?- repitió cariñosa mostrándole de nuevo la manzana; el animal volvió a asomar la cabeza pero muy desconfiado-¿Qué pasa, eh? ¿qué tienes preciosidad?- le habló despacio, sin levantar el tono, mientras permitió que el caballo le arrebatara la manzana de la mano.
-Le habla más cariñosa a los caballos que a las personas- oyeron reprochar a Ricardo
-No sé a quién se parecerá…- repuso socarrona nana y el padre de Lara la fulminó al instante con una mirada rabiosa; todos rieron jocosos
-Está muy inquieto además de furioso ¿Lo habéis llevado al barrizal?- preguntó interesada
 -Tu padre se pasó todo un día allí con él ¿verdad má?- contestó Leo y nana asintió con la cabeza- ¡¡Dios peque, tenías que ver con que firmeza y decisión lo mantuvo allí dentro hundiéndose ambos en el barro hasta los muslos y no paró hasta hacer espumar por la boca a ese bicho mal nacido!!- expresó orgulloso de Ricardo- pero ni así hubo manera de calmarlo, peque; al contrario, ahora así que te ve con una embocadura en la mano no deja ni que te acerques...
-¡¡Leo, cállate!!- gritó duramente Ricardo mirando reprochador al muchacho que bajó abochornado la cabeza metiéndose las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones. Lara sonrió complacida mirando fijamente a los ojos del animal
-Así que es eso ¿eh precioso?- expresó como si hubiera entendido aquella mirada del caballo y empezó a acariciarle el morro, el animal se movió inquieto pero se dejó al fin tocar por Lara- Es un desafío: quieres demostrar que tú eres el macho aquí y cuanto más intentan doblegarte, más te opones ¿verdad?- aclaró satisfecha y el caballo resopló fuertemente pateando el suelo con su pata como si la entendiera y le daba la razón- Pero sabes que aquí solo puede mandar uno ¿no? Y ese no vas a ser tú- aclaró tajantemente decidida mientras empezaba a abrir despacio la puerta de abajo del establo
-Lara, cielo ¿qué haces?- expresó receloso Mario al ver lo que hacía
-¡¡Lara; ni se te ocurra hacerlo!!- bramó potentemente y tajante su padre desde fuera del establo, ella se detuvo al instante y miró hacia su padre que también la observaba fijamente desde la puerta; ambos se quedaron mirando desafiantes- ¡¡No Lara, ahora no!!- expresó contundente sin apartar sus ojos ni un instante de los de su hija; Lara observó el rostro de Mario y Lucía que la observaban expectantes y muy asustados, no tenían ni idea de lo qué ella se proponía hacer, pero los gritos prohibitivos de Ricardo los había alertado dejándoles muy claro que no era bueno. Luego los dirigió hacia Luna que aún seguía sobre Rayo aunque su padre lo había detenido para centrar su atención en ella. La pequeña la miraba inocente sin entender que ocurría, pero muy inquieta percibiendo la tensión del resto. Suspiró profundamente y volvió a cerrar el establo de Diablo. Todos respiraron más relajados- ¡¡Atolondrada!! ¡¿Cómo se te ocurre ni siquiera pensarlo estando la pequeña presente insensata?! ¡¿Quieres asustarla o qué rayos te propones?!- le increpó furioso su padre bajando a Luna del caballo y dirigiéndose hacia ella con la pequeña en brazos; Lara apretó dolidamente afligida los labios
 -Lo siento, no me di cuenta- murmuró tremendamente arrepentida
-¡No te diste cuenta, no te diste cuenta! ¡nunca te das cuenta de nada Lara!- le reprochó hiriente, ella aún bajó más la cabeza- ¡¡Escúchame bien Lara Méndez: ni se te ocurra acercarte a Diablo ¿estamos?!!- imperó tajante, Lara levantó la cabeza mirando desconforme a su padre pero no contestó- ¡¿Estamos, Lara?! ¡¿Queda claro?!- repitió implacable y rotundo sin opción a ninguna protesta cerrando también el portalón de arriba del establo de Diablo, ella suspiró profundamente de nuevo metiéndose las manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros y bajó de nuevo la cabeza sin responderle- Bien- expuso satisfecho y se volvió hacia los demás que los observaban incómodos por aquella tremenda reprimenda a Lara aunque comprendiendo que él tenía razón: si aquel alocado caballo salía de estampida, cogería irremediablemente a Luna en su camino- será mejor irnos a asear para sentarnos a comer; a la tarde seguirás montando preciosa- resolvió más pacífico besando cariñoso la mejilla de Luna y todos se encaminaron hacia la puerta del establo; Lara se quedó parada ante la puerta cerrada del caballo mirándola fijamente y Leo, al tiempo que obedecía a Ricardo, esbozó una pícara sonrisa muy disimulada que no pasó inadvertida a Mario y le clavó los ojos mirándolo muy intrigado
 -Lo va a hacer; se ponga como se ponga el viejo: la peque lo va a hacer- le murmuró jocoso con un tono de enorme resolución
-¿El qué?- indagó curioso
-¡Pues montarlo ¿qué va a ser?!- exclamó con rotundidad en un murmullo para que el resto no le escuchara- es más terca aún que su padre y nunca dejará que ese estúpido bicho se salga con la suya, aunque le vaya la vida en ello; además, es la mejor amazona a pelo que jamás se haya visto y solo ella puede hacer entrar en razón a ese animal...- sonrió astutamente satisfecho- ¿por qué crees que solté lo de que no se deja poner las riendas?- resolvió orgulloso palmeándole animado la espalda a Mario y aceleró su paso dejándolo atrás; Mario movió desconforme la cabeza mientras lo seguía, aquello no le gustaba nada aunque Leo parecía no darle importancia...
-Vamos cielo, que te quedas atrás- expresó alegre Lara besándolo cariñosa en la mejilla al pasar junto a él y siguió su carrera para alcanzar al resto. Mario sonrió divertido y también apuró su paso. Entraron por la puerta lateral de la casa dando directamente a la cocina. Era una estancia grande y muy luminosa con las dos grandes ventanas que había a ambos lados; amueblada solamente por la parte baja con puertas de buena caoba aún parecía hacerla más espaciosa y no le faltaba el más mínimo detalle para que fuera moderna, cómoda y sobre todo funcional. La parte central la dominaba una larga mesa también de caoba de torneadas patas finamente trabajadas y diez sillas de respaldo alto también en caoba bien tallada con el asiento en cuero.
-¿Dónde demonios andabais todos metidos? Yo tengo hambre- protestó un hombre de unos sesenta años al oírlos entrar mientras curioseaba todas las ollas que estaban sobre los fogones probando algo de cada una de ellas
-¡Aleja de inmediato tus sucias pezuñas de mis ollas Pedro Sandoval!- le regañó rotunda nana
 -¡Ey que me he lavado ¿eh? Vieja gruñona!- replicó fastidiado al tiempo que se volvía y se quedó azorado al encontrarse con gente desconocida- ¡Oh! Pero si tenemos invitados...- murmuró abochornado al verse descubierto de aquella manera poco correcta, todos rieron divertidos
-Él es Pedro, el esposo de nana y un tragón sin remedio- lo presentó resuelta Lara acercándose a él y lo besó cariñosa en la mejilla mientras se sujetaba a su brazo; el hombre sonrió encandilado y la besó paternal en la frente- y ellos son Lucía, Mario y la preciosa Luna- resolvió mientras los iba señalando uno a uno y se sonrieron amistosos entre ellos
-Bueno, si me disculpáis, yo me voy a asear; ahora regreso- se excusó educado Ricardo saliendo por la puerta que estaba frente a ellos
-Yo también- resolvió alegre Leo siguiéndolo
-¡No tardéis que la comida está!- les indicó nana acercándose también a su marido- ¡Y tú sal de aquí o soy capaz de darte con un trasto en la cabeza!- le regañó a su esposo levantando amenazante la mano, él obedeció al instante alejándose rápidamente de ella al tiempo que chistoso cubría su cabeza con su brazo simulando tenerle miedo; todos rieron explayados viendo aquella cómica escena
-Y nosotros vamos a lavarnos también- propuso Lara tomando de la manita a Luna y guiando a Mario y Lucía también fuera de la cocina por la puerta por donde Ricardo y Leo habían desaparecido. Se encontraron de regreso al amplio salón de la entrada donde habían estado a su llegada concluyendo que aquella puerta resultaba ser por donde Lara había desaparecido tras la discusión con nana. Además de un ancho pasillo frente a ellos, podían verse cinco puertas más a parte de la que daba a la cocina situadas alrededor de aquella hermosa sala. Lara los dirigió hacía una de ellas que resultó ser un espacioso baño de aseo en donde se lavaron las manos en las dos hermosas piletas en mármol rosa con grifería dorada sobre las cuales había un amplio espejo de precioso marco dorado.
Cuando regresaron a la cocina, ya nana ayudada de su esposo, tenían dispuesta la larga mesa para sentarse a comer y las viandas que se veían en las fuentes ya repartidas sobre la mesa tenían una pinta apetitosa.
-Iros sentando que ellos no han de tardar en volver- les indicó resuelta nana y todos obedecieron. Lara ocupó el primer asiento de la derecha junto a la cabecera, luego sentaron a Luna, después iba Mario y Lucía a su lado
-¿Vino?- los invitó animoso Pedro cogiendo la botella de vino tinto ya abierta de sobre la mesa mientras se sentaba frente a Lara, todos aceptaron y él les sirvió las finas copas al tiempo que Lara le llenaba la copa de Luna de limonada fresca de la jarra que también había ya sobre la mesa y la pequeña se la bebió sedienta de un solo trago
-¡¡Tenías sed mi ángel!! ¿Por qué no lo dijiste?- indicó con ternura Lara rellenándosela de nuevo, la pequeña solo movió desenfadada los hombros provocando las risas de resto. Ricardo apareció de regreso aún abrochándose la pulsera de su reloj a la muñeca inundando la cocina de un suave aroma muy varonil y fresco: se había duchado dedujo Lucía observando que aún estaba mucho más atractivo que antes con su pelo totalmente blanco bien peinado y aquella camisa azul clara junto a unos pantalones vaqueros que le quedaban impecables. Tomó su lugar a la cabecera de la mesa junto a Lara y Pedro
 -Aquí estoy ya- expresó resuelto Leo apareciendo en la cocina también cambiado de ropa y aún con el pelo húmedo de haberse duchado sentándose a lado de su padre
-Pues si ya estamos todos, podemos empezar- resolvió nana ocupando el lugar a lado de su hijo -¡¡Uhmm, nana: pan de nueces!!- expresó deleitada Lara echándole la mano a uno de los panecillos de la cestilla
-¡¡Lara Méndez de Mendoza!!- exclamó contundente nana y ella soltó al instante el panecillo mirándola retraída y abochornada- si tu padre, que es un ateo redomado y a veces por su boca parece hablar el mismo diablo, respeta mis costumbres: tú con mayor motivo señorita- le regañó seriamente, Mario y Lucía observaban la escena curiosos e intrigados sin saber qué rayos había ocurrido
 -Lo siento nana, no me di cuenta- musitó apagadamente bajando arrepentida la mirada
-¡¡Como siempre, para no variar!!- expresó reprochador su padre y Lara lo miró fastidiada pero no replicó nada. Nana suspiró profundamente al tiempo que inclinaba levemente su cabeza hacia delante posando sus manos en su regazo y entrecruzando sus dedos, todos la imitaron menos Ricardo que se acodó desenfadado sobre la mesa esperando educadamente a que el resto acabara la oración antes de empezar a comer. Lucía y Mario también respetaron la costumbre de la buena mujer y se unieron al rezo que apenas duró dos minutos. Al momento siguiente, todos empezaron a servirse pasándose las fuentes por el aire unos a otros mientras charlaban alegres y entretenidos.

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